“Ser profeta hoy”

Diciembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Desde siempre el concepto de profeta ha tenido diversas acepciones, se cree que es aquel con capacidad para adivinar el futuro, provocar desastres, hablar en nombre de otros, estar investido de un halo misterioso; en el pasaje bíblico que hoy escuchamos aparece Juan Bautista -precursor de Jesucristo, el verdadero Profeta-.Juan es una figura excepcional por el tinte y la fuerza que le da a sus palabras y por la coherencia inigualable que le imprime a su vida: encarna la máxima altura de dignidad y decoro que sella con broche de sangre al ser martirizado después de un seudojuicio, falso, amañado, injusto, pusilánime y criminal. El proceso judicial para encarceló, y posteriormente declararlo reo de muerte se parece en mucho a algunos procesos de nuestra justicia actual y al drama de tantos hermanos nuestros, cuya vida no depende de su recto obrar, ni de Dios, autor y dueño de la misma, sino de la veleidades, pasiones, caprichos y gustos pasionales de otros. ¡cuántos mártires inocentes en nuestras cárceles y en nuestros cementerios!.El Bautista encarna la personalidad austera, adusta y madura que conmueve con su sola presencia; y con sus palabras estremece a todos sus oyentes; es la típica figura del hombre honrado, transparente y recio que no claudica antes las presiones y trapisondas de otros; con el testimonio de su vida da aval a sus palabras.Hoy muchos pretenden ser profetas con la palabrería vana de sus manidos discursos, pero sus vidas no son testimonio de aquello que dicen predicar y creer; eso solo son falsos profetas que pululan por doquier pero están muy lejos de la enorme figura que encarnó el Bautista para anunciar y proclamar al verdadero Profeta de los profetas: Jesús de Nazareth.El Bautista no se predicó a sí mismo ni suplantó a su Señor, no impuso su doctrina, solo cumplió con el encargo de ser verdadero profeta. Se declaró indigno de desatar siquiera las sandalias de su Señor, y no opacó con su actitud la luz esplendente de la verdadera Luz y fulgor que es Jesús de Nazareth. Ser profeta hoy significa encarnar y vivir la única verdad y dar testimonio de la única certeza que es Dios y del deseo de eternidad que es la gloria.

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