Resurrección y vida

Abril 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

“Quienes no hayan resucitado antes en el espíritu por la fe, no resucitarán en el cuerpo para aquella transformación en que será asumida y absorbida toda corrupción, sino que resucitarán íntegros para el castigo” (San Agustín). Nadie, fuera de Jesús ha podido afirmar con certeza y avalar con hechos fehacientes: “Yo soy la resurrección y la vida”. Ad portas de celebrar el misterio central de nuestra fe, pasión, muerte y resurrección del Señor, la liturgia en su ritmo ascendente y progresivo nos invita en este quinto domingo de cuaresma a pensar, celebrar y gozar del don inestimable de la vida eterna.No es cosa banal pensar en una vida que no conozca la muerte, pues por nuestra humana condición y nuestra experiencia sabemos con certeza que todo lo que inicia, concluye, que aún los más preciados tesoros humanos como la belleza, la felicidad, el placer y otros muchos, se envejecen y mueren.Por ello afirmamos que la resurrección de los muertos es creencia de los cristianos. Hoy como en tiempos de Jesús y Pablo “algunos de sus seguidores y de quienes le escuchaban se escandalizaban de que se proclamasen el amor, el perdón y la misericordia y la convicción sobre los bienes espirituales superiores, incluida la resurrección. Es interesante releer el Evangelio y Hechos 17, 16 ss”.También hoy la Iglesia experimenta la burla, la duda y la negación de la doctrina de Jesús que incluye el perdón de los pecados y el llamado a una vida que no tendrá fin. ¿Que opinarán sobre el tema de la resurrección afirmado por Jesús mismo: “Yo soy la resurrección y la vida”, algunos personajillos que se escandalizan de lo que puede hacer la Iglesia por mandato del Señor? Entre tanto seguimos con la firme convicción que la vida dada por Jesús de Nazaret, se ha convertido para toda la humanidad en la certeza que no defrauda, en el gozo que todos anhelamos: ser partícipes de las promesas de la resurrección, de la eternidad y de la Vida que no concluirá.No debe causarnos angustia ni menguar nuestra convicción de creyentes, las burlas sobre la resurrección de los muertos. Concluyamos con este bello pensamiento con más de 15 siglos de haberse pronunciado: “No todos tienen ojos para ver como resucitan los muertos en el corazón, a no ser los que ya han resucitado en su propio corazón. Más milagro es resucitar a quien ha de vivir siempre que resucitar a quien volverá a morir” (San Agustín, S. 98).

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