¡Resucitaremos!

Noviembre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Algunos saduceos,  que niegan que los muertos resucitan, le dijeron a Jesús: Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre casado muere sin haber tenido hijos con su mujer, el hermano deberá tomar por esposa a la viuda para darle hijos al hermano que murió. Pues bien, había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó  con   ella, y lo mismo hicieron los demás, pero los siete murieron sin dejar hijos. En la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa esta mujer, si los siete estuvieron casados con ella? La Palabra de Dios nos dice que Dios que es amor, nos  creó por amor, para que fuéramos felices en esta vida y después por toda la eternidad. Esto implica no sólo la existencia de un Dios vivo, sino también la seguridad de que después de la muerte hemos de resucitar. Negar la resurrección es un pretexto para vivir de acuerdo a nuestros caprichos y no aceptando el camino que Dios nos ha señalado para llegar a Él. Los saduceos  le presentan al Señor un caso utópico; lo que les interesa es hacer ver la resurrección como algo imposible, sin darse cuenta que al negar la resurrección, están destruyendo la idea de un Dios grande y poderoso, que simultáneamente es el Dios del amor y la misericordia, para convertirlo en un sepulturero encargado de recibir a los hijos que van muriendo en la tierra y pasan al gran cementerio del cielo. “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe (I Cor.15,12). Pero como la historia se repite también hoy encontramos saduceos que no creen en la vida después de la muerte, o tal vez sí creen, pero no pasan de un conocimiento teórico que para nada influye en su vida, pues están acostumbrados a vivir cómodos en su zona de confort poco cristiana, porque tienen lo  necesario, y tal vez más de lo necesario para vivir bueno. Se dirán: vivimos bien en esta vida, ¿para qué preocuparnos por lo que hay después de la muerte?   También hay muchos otros que se han acostumbrado a su vida rutinaria de pobreza y necesidades. El duro peso de la vida sobre sus espaldas les impide levantar la mirada al más allá, pues la tienen clavada siempre en la dura lucha por la subsistencia. Maravilloso por los muchos que tienen  su corazón en el Dios del amor y de la vida, para decirle: en Ti, Señor, pongo mi esperanza pues confío en tu palabra.

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