Reflexión

Abril 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La sociedad está empezando a sufrir las nefastas consecuencias de las políticas que los Estados, infiltrados por multinacionales perversas, han trazado en contra de la vida y la familia.Vemos con dolor que los legisladores de las naciones en vías de desarrollo, unas veces manipulados y otras por el tonto prurito de aparecer como ‘modernos’, copian todo lo que hacen los países que se creen desarrollados (confundiendo el desarrollo con el crecimiento meramente económico), y sin medir consecuencias asumieron el control de la natalidad, la familia sin hijos, o la pareja con un solo hijo, el crimen del aborto estimulado por las leyes, el matrimonio antinatural entre hombres o entre mujeres, etc., sin medir consecuencias y sin tener en cuenta la ética, el bien y el futuro del país.Si se mira desprevenidamente lo que está pasando en Europa, puede uno darse cuenta de la tragedia a la que está abocada por haber seguido esas políticas.Los naturales de cada país están siendo cada vez menos y son sustituidos por emigrantes de países del Asia, del África y de América Latina, a tal punto que ya hay naciones que irremediablemente, en un futuro no muy lejano, conservarán quizás el nombre pero estarán habitadas por gente extraña.Nuestra Patria no es ajena a este problema y si a tiempo no se pone remedio, un día tendrá que llorar las consecuencias de un permisivismo que no perdona, de ahí la necesidad de reflexionar seriamente.Es por eso es por lo que la Iglesia levanta su voz, para defender los principios de la vida y de la auténtica familia a pesar de todos los improperios que recibe.

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