Rechazo a la madurez humana

Enero 09, 2011 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La madurez humana depende de la formación de la conciencia de las personas acerca de quiénes son (identidad humana), con quiénes existen (intimidad humana) y para qué viven (proyección humana, generatividad). Desarrollar esta auto-conciencia es aprender a ‘saberse amados’ y a ser capaces de amar y de servir, de dedicar la vida a personas, ideales y causas que sobrepasan la propia. Allí es donde la vida se vuelve ‘misión’. Estamos aquí porque alguien nos ama y nos señala una tarea qué cumplir, porque alguien nos necesita y el proceso de la vida y de la historia cuenta con cada uno. Enfocar la propia vida hacia las causas del bien, de la verdad, de la vida y la justicia que nos plantean nuestro tiempo y espacio, es entrar por la senda de la madurez humana. La vida inmadura, como la de Peter Pan, el niño que se negó a crecer y madurar, a quien le dio miedo vivir y hacerse grande, es quizás el mayor mal de nuestra cultura actual. Se camufla bajo “el libre desarrollo de la personalidad”, el bienestar, la satisfacción, el consumo depredador, el lucro sin límites, los ‘derechos’ en su aceptación más burguesa y egocéntrica. Nuestra cultura es narcisista y empuja al infantilismo y empequeñecimiento o enanismo humano.El Evangelio de este domingo, el del Bautismo de Jesús, pone el énfasis en el hombre maduro, que se sumerge en el río Jordán con plena conciencia de su fragilidad humana, haciéndose solidario con los pecadores, sin serlo él. Es el hombre de la humanidad y de la tarea recibida por el Padre, el hombre que se sabe amado y es capaz de amar y dar su vida por otros.Que no nos quedemos con el niño Jesús de la Navidad. Que nos arriesguemos a madurar de la mano de Jesús, en su proceso hacia la cruz y resurrección.

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