“Que caiga un rayo y acabe con ellos...”

“Que caiga un rayo y acabe con ellos...”

Junio 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Según el Evangelio que hoy leemos, así reaccionaron los dos hijos de Zebedeo ante el rechazo de los samaritanos de brindarles alojamiento a Jesús y a su grupo porque iban a cumplir con los deberes religiosos en Jerusalén: con razón se los conocía con el apodo de “Boanerges” o Hijos del trueno!En realidad, no es una imprecación que pronuncian, y menos una orden que dan, sino simplemente una propuesta que le hacen al Maestro para castigar la negativa recibida. Una vez más, los apóstoles de Jesús se muestran totalmente humanos, con reacciones de tono subidamente terreno; todavía están lejos de asimilar la actitud evangélica de mansedumbre y perdón. En cambio, el Señor, el directamente afectado por el desdén de los ‘herejes’ samaritanos, tiene una actitud totalmente diferente: “Se volvió a ellos y los reprendió. Y se fueron a otra población”. Tan evidente es el contraste, que ya en la antigüedad se introdujo en algunos manuscritos una variante que dice: “Ustedes no saben a qué espíritu pertenecen. Pues el Hijo del hombre no ha venido a destruir la vida de los hombres, sino a salvarla”.También a nosotros nos viene bien meditar esta lección de mansedumbre y de paciencia de Jesús... ¡Acaso no sentimos en ocasiones la tentación de decir como los zebedeos: “que caiga un rayo y acabe con ellos”. Por ejemplo, cuando la guerrilla comete atrocidades, o cuando retienen por largos años a secuestrados inocentes, o cuando nos asaltan y roban nuestros ahorros, o cuando nos difaman y calumnian? En todos estos casos, bien vale la pena recordar el episodio de aquel caminante despreciado, que responde mansamente a quienes le niegan cobijo. Quizá por esta actitud de paciencia fue posible después la acogida generosa del Evangelio en Samaría que nos testifica el capítulo 8 del Libro de los Hechos de los Apóstoles.

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