Por una ecología del corazón

Septiembre 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Asistimos a una creciente conciencia ecológica con respecto al medio ambiente, pero es escasa la conciencia en cuanto a la ecología humana. Personas y comunidades están contaminadas por el rencor, el licor, la venganza, la violencia, el sexo, la falsedad, el racismo y la hipocresía.Cuando Jesús se hace presente en Israel, escribas y fariseos tenían su atención fijada en el cumplimiento externo de la ley de Dios. Jesús no vino a destruir la ley de Dios sino a darle plenitud y autenticidad. Por eso critica del culto que se da a Dios, porque es solamente externo y el corazón está lejos de Él. En un clima de apariencias, Jesús enseña qué es lo que hace puro al creyente, afirma: “Nada de fuera puede hacer impuro al hombre. Es de dentro, del corazón del hombre de donde salen los malos propósitos. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.Cuando se da mucha importancia a lo exterior, se cae en el fariseísmo y en la hipocresía. Jesucristo quiere que fijemos nuestra atención en lo interior de nosotros mismos, en el corazón, como sede de las decisiones y compromisos, más que en lo exterior.Mientras que existe hoy una preocupación por la contaminación ambiental exterior, es poca la preocupación por la contaminación interior y moral. Hay que luchar por la contaminación ambiental pero más todavía debemos luchar por la contaminación del corazón.El Evangelio nos propone una auténtica ecología humana. Es urgente sanar el corazón, pues de esta fuente brota lo que contamina la humanidad. Ecología significa proteger y tener limpio el ambiente pero, empecemos por lo más interno, por nuestro corazón.La ecología del corazón exige arrancar la cizaña de la maldad y sembrar la práctica de las virtudes, cuidando lo que sale del corazón.

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