¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?

Abril 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Qué difícil se nos vuelve la vida cuando no tenemos certezas; cuando no tenemos puntos de referencia claros; cuando solo las tinieblas de las dudas rodean nuestros pensamientos.En este mundo tan lleno de relativismos que nos ha correspondido vivir, en el que todos y cada uno no sólo creen tener la razón, sino que quieren imponérsela a los demás, fácilmente podemos caer en una duda sistemática de todo y sobre todo que, a la larga, nos hará caer en un agobio ante las dificultades y, consecuentemente, en una gran incertidumbre y desesperanza.La falta de certezas nos lleva a dudar de todo y de todos, incluso muchas veces hasta de nosotros mismos. ¿Seremos capaces de asumir nuestra propia vida con todas sus exigencias? ¿Seremos capaces de hacer con nuestra vida algo de lo cual nos sintamos orgullosos y satisfechos? ¿Seremos capaces de vivir felices en medio de un mundo tan convulsionado como el que nos ha correspondido vivir?Sólo quien encuentra la Verdad podrá verse libre de tanto agobio; podrá vivir la vida con alegría y esperanza, a pesar de las dificultades presentes. Y la Verdad no es otra que el mismo Jesucristo. Él vino a disipar nuestras tinieblas y nuestras dudas. Él vino a señalarnos el camino que debemos recorrer para llevar una vida libre de agobios e incertidumbres. Y todo lo que nos dijo, lo que nos enseñó y mostró con su propia vida, lo selló con su Resurrección, para que comprendiésemos la seriedad del camino que nos propuso.Sin fe en la Resurrección, todo son dudas y fantasmas; sólo una auténtica fe en la Resurrección puede ahuyentar los fantasmas de la duda y de cualquier tipo de incertidumbre que pueda agobiar nuestro corazón. Después de resucitado, el Señor se aparecía a sus discípulos y los invitaba a cenar. Y allí, en la fracción del Pan, lo reconocieron, se disiparon sus dudas y con coraje salieron a llevar la buena noticia de la Resurrección. Que la Eucaristía dominical nos dé la certeza de contar en nuestra vida con el mismo Jesús resucitado, fundamento de nuestra vida, nuestra fe y nuestra esperanza.

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