“Permaneced y vigilad”

“Permaneced y vigilad”

Noviembre 12, 2017 - 06:15 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Una bella tradición de las culturas precristianas que hace alusión al carácter festivo, y comunitario del matrimonio, y que todavía hoy se conserva, la aplica Jesús a la Gloria y al auténtico sentido del amor. Muchos elementos de verdad interesantes vio Jesús en esta parábola que comúnmente se llama de las vírgenes necias; pero en verdad se refiere “a las nupcias eternas” que ya describe de forma poética el libro sagrado Cantar de los Cantares.

Hace pocos días en una de las cálidas y certeras homilías el Papa Francisco aseguró: “La gloria, es decir, el paraíso, no es un lugar, sino el gozo del abrazo eterno con el Amado, que es Dios mismo”.

Así pues la vida cristiana del seguidor de Jesús no es otra realidad distinta que la búsqueda por siempre de la consumación de la boda eterna con el Amado y la permanencia en la verdadera Vida aquella que no termina y donde todo será gozo y paz.

Las premisas que orientan y dan figura a esta realidad pueden definirse como permanecer y vigilar; para ello urge fortalecerse en el amor y disponer el espíritu para poder entrar al banquete de bodas. Cuán errónea es la percepción de que se puede ganar el acceso a la eternidad bienaventurada con el mínimo cristiano, por ejemplo asistir a una eucaristía dominical para no caer en pecado, confesarse siquiera una vez al año: sería aportar bien poco al encuentro del verdadero Amor.

El deseo de participar de las bodas del Cordero tal como lo describen los libros sagrados, ha de ser permanentemente alimentado y fortalecido con las acciones del corazón, no solo con buenos deseos pues las vírgenes necias deseaban entrar con el novio al festín, pero su imprevisión al no tener el aceite suficiente, las condenó a quedarse sin aquello que deseaban.

¿Cuántos cristianos queremos permanecer vigilantes a la espera del Señor? ¿Cuántos creyentes disponemos de la mayor cantidad de aceite que no se agote durante la larga espera de la vida, y así poder participar del gozo eterno del verdadero banquete del amor?

“El amor así descrito trae consigo la vida y la inmortalidad: ”.

Me resisto a no consignar esta expresión del Cantar: “Les conjuro, muchachas de Jerusalén que si encuentran a mi amado, ¿Qué han de decirle? Que he sido herida por el Amor” (Cantar 5,8).

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