Pasión de Cristo, pasión de la humanidad

Abril 09, 2017 - 07:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Desde este Domingo de Ramos, con el que se abre la Semana Santa, hasta la celebración del Domingo de Pascua, la Iglesia, es decir, la Comunidad Creyente, despliega un conjunto de ceremonias litúrgicas, como la procesión de los ramos, con la lectura de la pasión de Cristo, la cena del Señor el Jueves Santo con el lavatorio de los pies y el monumento, la pasión y adoración de la Cruz el Viernes Santo y la gran vigilia pascual, la noche del Sábado Santo con sus cuatro momentos claves: lucernario, escucha abundante de la Palabra de Dios, celebración del Bautismo y de la Eucaristía.

Además, están en esta Semana Santa el Viacrucis, las siete palabras y otras procesiones significativas como el santo sepulcro, la dolorosa, etc. La pascua no es un mero rito; toda la vida es pascua, paso, tránsito. Se nos adelantó el Pueblo de Mocoa.

En definitiva, el memorial pascual es ‘memoria subversiva’, ya que Cristo subvierte los falsos valores de la sociedad: poder y dinero. Y encima, la Pascua crea una alianza nueva con Dios, un corazón renovado, sin dobleces, un pueblo liberado de toda esclavitud. Jesús de Nazaret es el totalmente justo y, en calidad de tal, carga con toda la culpa del mundo y la cancela.

El simple hecho de que Jesús sea el Inmaculado, el que ama hasta dar la vida por todos, refuerza la certeza de que este justo puede ‘sacar’ de Dios todo para nosotros: “Ya no los llamo siervos, sino amigos” dice el Evangelio de Juan (15,14), y así ha sido.

Lo que aquí sucede se puede comparar con lo que hacen los niños en una familia cuando se complican las cosas con los papás: mandan por delante al más pequeño, al preferido de los papás. Y el pequeño acude a ellos y les ofrece todos sus juguetes y se ofrece a sí mismo para contentarlos. En esto consiste los que los creyentes llamamos “gracia de Dios”: Dios sustituye la ley estructural del pecado, el “yo para mí”, por la ley estructural de la redención, el “uno para el otro”. A eso llamamos Amor por la humanidad. Y consecuencia de esa acción es que Dios olvida toda culpa y la perdona de raíz.

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad