Para Dios nada hay imposible

Diciembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

¿Tendremos que vivir sumidos en la violencia, en la injusticia, en la desesperanza? ¿Será posible que algún día lleguemos a contemplar un mundo nuevo en el que reinen la paz, la justicia, la igualdad y lo podamos heredar así a las nuevas generaciones?Este es el gran anhelo que todos llevamos en el corazón. ¡Qué no daríamos para encontrar el camino cierto para lograrlo! Pero debemos ser sinceros: nos hemos fatigado y llenado de desesperanza. Hasta se nos volvió como una frase de cajón aquello de que “estamos cansados de más de 50 años de violencia”.¿Por qué no preguntarnos dónde está la causa real de lo que estamos viviendo? Mucho nos han dicho que es la injusticia, la pobreza, la desigualdad social, la corrupción… ¿No será más bien el habernos ido apartando de Dios? ¿El haber permitido que se nos quitara a Dios como fundamento y sentido de la existencia? ¿El habernos querido olvidar de la Palabra de Dios como faro orientador de nuestra vida y de nuestra sociedad?¡Que Dios tenga piedad de quienes se empeñan en querer a toda costa, quitar a Dios de en medio! Cuando caigan en cuenta de que por culpa de ellos la sociedad está como está, ¡no podrán soportar el peso de su conciencia! Hoy, la Liturgia nos pide que dirijamos nuestra mirada hacia la Santísima Virgen María. Ella esperó contra toda esperanza. Creyó en lo que a todos nos parecería imposible: que sería madre sin concurso de varón. Pero creyó ante todo en que es posible una vida nueva si nos confiamos totalmente a la Palabra de Dios y si nos dejamos guiar por su Santo Espíritu.Ojalá que sus palabras: “Hágase en mí según tu palabra” se hicieran vida en nosotros. Porque si así fuera, si Dios y su Palabra volvieran a regir nuestra vida y nuestra sociedad, gozaríamos de la paz, la justicia, la igualdad, la verdad, la santidad, en fin, de la vida nueva que todos tanto anhelamos, porque para Dios y para quien acoge y vive su Palabra, nada hay imposible.Que esta Navidad sea la ocasión para abrirle el corazón y las puertas de nuestros hogares y de nuestra sociedad a Dios, que no se cansa de acercarse a nuestra vida porque sabe que, sin Él, nunca encontraremos la vida que tanto anhelamos.

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