“Obreros de distinta hora”

“Obreros de distinta hora”

Septiembre 24, 2017 - 06:35 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Las parábolas enseñadas por Jesús y conservadas en los evangelios son: pedagogía, filosofía y teología, es decir, encierran toda la verdad y la belleza que el Hijo de Dios ha venido a regalarnos con su presencia y su vida. Ellas contienen toda la verdad que de no ser escuchada y practicada, no llegará a convertirse en vida; esta es su pretensión fundamental.

La bella parábola de este domingo, el Señor que sale a contratar a diversas horas, es desde luego la auténtica expresión de la liberalidad y de la misericordia de Dios.

La pretensión fundamental de la misma, no es ni siquiera un reclamo contra la injusticia, que no existe sino una expresión de la envidia humana que abunda en muchos corazones. Dios en su misterio, a unos contrata a primera hora, a otros a mitad del día y a otros al final: según nuestro humano parecer, el pago debería ajustarse a las horas trabajadas, pero no es así.

El desenlace final que muestra toda la mezquindad humana a la que Jesús mismo responde con un argumento imbatible: “Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a éste que llega ultimo lo mismo que a ti”.

La justicia humana es pobre y débil, cuando no perversa; es mezquina y busca beneficios o prebendas o intereses personales; y en no pocas ocasiones, termina pervirtiendo el concepto mismo de justicia. ¿Acaso no estamos hastiados de los senderos sin límites de la corrupción a que algunos “honorables magistrados”, investidos de todo poder han reducido el maravilloso concepto de ley, equidad y justicia?
“Serás obra de Dios, no solamente por ser hombre, sino por ser justo”, afirmó San Agustín en uno de sus Sermones (169, 13).

La enseñanza definitiva de esta parábola no está en los contratados, ni en el trabajo convenido y, menos aún, en los logros obtenidos. Está en el Contratante -Jesús- y en su paga -la eternidad- ya que Él es el dueño justo, magnánimo y excesivamente benevolente que puede disponer a su antojo y no condicionado por la justicia humana.

Humanamente podríamos pensar que el pago no compensa todo el tiempo del trabajo, pero Dios se sale de cualquier esquema humano para enseñarnos la grandeza de sus designios y la verdadera dimensión de su paternal corazón.

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