¡Nunca los conocí!

¡Nunca los conocí!

Marzo 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La esencia de la vida cristiana no consiste en conocer intelectualmente la verdad que enseña Jesús; es necesario ser como Él, vivir como Él, y hacer la voluntad del Padre. La exigencia es radical y no admite ninguna clase de componendas.Ser cristiano en la máxima expresión, no es sólo saber invocar a Dios y ejercitarse en muchas plegarias, si el corazón y la vida en todas sus conductas no se ajustan a la propuesta de Jesús; que por demás es siempre exigente. ¡Nunca fue fácil ser discípulo del Señor, tampoco lo es ahora! Cuántas veces, so pretexto de aligerar la carga que proviene de la Cruz, caemos en el facilismo y la comodidad: pensamos y obramos no de acuerdo a las exigencias éticas y religiosas de nuestra Fe, sino que de manera subjetiva nos trazamos incluso un código moral liviano, fácil y engañoso.Cómo olvidar la propuesta de Jesús para buscar la perfección con el modelo más alto que no es otro que el mismo Dios: “Sed pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”.La quiebra de la voluntad para obrar según las exigencias del evangelio es evidente en nuestro tiempo; y no sólo ésto: también la acomodación caprichosa de los mandatos de nuestra Iglesia. No pocos pretenden ganar el cielo con una vida demasiado fácil. Grande será la sorpresa cuando escuchemos la inapelable sentencia que nos enseña el evangelio de hoy: “Nunca los conocí”. Sabemos que conocer a Dios en lenguaje bíblico no es sólo tener referencia de quién es, ni haber adquirido múltiples conocimientos expresados en las numerosas biografías existentes sobre Él; conocer, amar y servir a Dios tal como siempre lo ha enseñado el catecismo, supone participar de su destino, aceptarlo desde la cruz y plasmar toda la existencia en conformidad con sus enseñanzas; lo contrario es engaño y falsedad, que a la postre nos deparará la más ingrata sorpresa: el rechazo definitivo por carencia de méritos. Quien tenga oídos que oiga.

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