Nuestro ramo de olivo

Marzo 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La paz de Colombia no es una paloma. Es una cruz. Porque ella solamente será posible cuando muchos de nosotros, una gran mayoría, demos lo mejor del ser humano. La paz nuestra surge de las entrañas del dolor, de la “vida caníbal” en la que supervivir significa anticiparse a destruir la vida de otros. Tenemos que hacer la paz cuando nos hemos acostumbrado a una sociedad herida, sangrante. Por muchos años hemos sido como los erizos de la parábola: cuantas veces buscamos acercarnos vencidos por el frío de la noche, nos hacemos sangrar. El mapa de Colombia parece a veces un gigantesco nido de erizos.Caminar hacia la paz es alzar juntos la cruz de la reconciliación. Superar el desarraigo social, de hijos cobijados por la misma Patria, para sembrarnos en la inclusión y hacer juntos nuevos pactos que proteja el derecho de todos a la vida, al territorio, al trabajo, a la satisfacción a la felicidad. Este es el camino. Un camino que implica exigencias, paciencia, dedicación, imaginación, riesgos y desprendimiento. Un camino que se teje como una cruz. Los ramos de olivo que batían los niños hebreos al paso de Jesús son ahora, para nosotros, los dos palos de la cruz, pequeño o grande, que cada uno debe llevar de esa cruz nacional, colombiana, que todos debemos cargar.La Semana Santa sea el espacio para contemplar al crucificado que pacífica los espíritus y desarma las sociedades con la potencia del perdón y la levadura del amor.El evangelio de Marcos, la pasión de Jesús, sea en este domingo de ramos nuestra confesión de fe, ante la cruz y ante la entrega de quien ocupa nuestro lugar ante Dios y nos hace capaces de amar y perdonar: “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”.

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