No he venido a dar paz sino división

No he venido a dar paz sino división

Agosto 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por estos días todos estamos hablando de paz en Colombia. Quizás cada uno de nosotros tiene su propio concepto de paz y esto hace que las expectativas que tenemos sean diferentes sobre este tema.El evangelio y nos dice: “¿Piensan que he venido a dar paz en la tierra? No, les digo, sino división…”.¿Cómo entender esta frase de Jesús? Quizás si miramos el contexto encontremos algunas luces al respecto.Comienza esta perícopa diciendo: “Fuego he venido a prender en la tierra y cuánto quisiera que ya estuviera ardiendo”El fuego transforma, consume, cambia las cosas, las purifica, calienta, alumbra, atrae las miradas… Jesús ¿qué fuego ha venido a darnos? Cuando viene el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, vino en forma de lenguas de fuego. La urgencia de Jesús era entregarnos el Espíritu Santo porque Él cambiaría los corazones de piedra en corazones de carne, El posibilitaría ver la vida de una manera diferente, Él renovaría la historia a través de personas nuevas, que lo recibieran a través del bautismo…Optar por Jesucristo creó divisiones en las familias y las está creando hoy.La división que Jesús dice que trae es diferente a las divisiones familiares por egoísmo, por herencias, por ofensas, por autoritarismo, por infidelidad…A Jesús unos lo aceptamos, otros no. Quienes lo hemos aceptado y queremos vivir el fuego del Espíritu y las enseñanzas del evangelio nos vemos criticados, rechazados, juzgados de anticuados, tildados de retrógrados y hasta despreciados por los que no lo han aceptado, lo han hecho a medias o tal vez no lo han conocido; también por algunos de los que tienen el poder de los medios, por quienes forjan cada día la opinión de la gente en la radio, la televisión o las redes sociales.Se hace necesario tomar posiciones claras como la que vimos en el plantón del miércoles en todo el país. Creer traerá divisiones que son necesarias de cara al futuro de la familia, de las nuevas generaciones, del reconocimiento de la trascendencia y de la dimensión espiritual del ser humano.Sin embargo, vivir a Jesucristo, es ser capaces de romper muros de separación a pesar de que se hayan producido, es tener capacidad de perdonar, de servir, de hacerle bien al que nos hace mal, de amar al enemigo y de orar por los que nos persiguen. Esta es la paz de Jesucristo. No trae la paz de la pasividad o de la ausencia de conflictos, la de intereses personales o políticos.

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