Le vendo un seguro de vida

Agosto 01, 2010 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

En alguna ocasión me han ofrecido venderme un ‘seguro de vida’, el oferente queda sorprendido cuando yo le respondo: querrá decirme: “Le vendo un seguro de muerte para los que quedan vivos”. Una vez recibida mi explicación entiende, aunque no cambia su oferta comercial.¡Sí! La hermosa y didáctica parábola del Evangelio de hoy retrata no sólo la codicia y la avaricia, sino también la falsa seguridad en que no pocos pretenden vivir, porque tienen abundancia de bienes materiales y porque, falsamente, creen que la vida hedónica a que les invita la sociedad consumista les asegura para siempre la vida y les preserva con inmunidad eterna de cualquier limitación; nada más absurdo y perverso para el componente espiritual de los humanos.Sería contraproducente que ofrecieran vendernos ‘seguros de muerte’, pero en la práctica esta es la verdad; cobran los seguros de vida de aquellos que están como beneficiarios y quedan vivos una vez que ha muerto el titular.Jesús, fiel a su coherencia entre doctrina y vida enseñó en este y otros pasajes del Evangelio la necedad humana cuando se afana inútilmente en acumular riquezas sin saber para quién, o se preocupa en demasía, de manera irracional en buscar y tener bienes efímeros. La sana visión de los bienes materiales necesarios para nuestra subsistencia no es rechazada por la doctrina cristiana; con todo hay que buscar las cosas de arriba que nos señala el apóstol Pablo. La vida cotidiana está llena de estos ejemplos: muchos acumulan como el granjero insensato sin saber para quién y si mañana no tendrán ni vida ni bienes.¿Acumulamos bienes para Dios que son eternos o empeñamos todas nuestras fuerzas en los bienes materiales que son tan efímeros como banales?

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