La vida cristiana es una prueba

La vida cristiana es una prueba

Febrero 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La experiencia nos enseña que la vida humana está llena de pruebas y tentaciones. Jesús de Nazaret, definitivo enviado de Dios como Mesías, experimentó en sí mismo la prueba y la tentación, y con la fuerza del Espíritu Santo fue fiel a su misión.La misión que el Padre Dios le encomendó fue la de salvar la humanidad a través de la entrega de su vida. Como verdadero hombre, Jesús fue “probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado”. Su victoria sobre las tentaciones probó que de verdad era Hijo de Dios y que como tal fue fiel a su misión.Nos impresiona la afirmación de que Jesús fue tentado. La tentación en sí no es pecado, es la oportunidad de mostrar que la fuerza para vencerla está en Dios, si confiamos en Él, en su Palabra, así seremos vencedores. La experiencia nos muestra que la vida cristiana de manera constante, está asaltada por la tentación del poder, por la tentación del tener y por la tentación del placer. El Dios en quien creemos, al crearnos nos ha dado estas grandes potencias como son el poder, el tener y el placer, si las dominamos tendremos el sentido de la vida y de la felicidad plena. La lucha contra el mal San Pablo la comparte al afirmar: “Hago el mal que no quiero y el bien que quiero no lo hago”.Poder, tener y placer son el resumen de las pruebas y tentaciones, que hombres y mujeres creyentes, estamos llamados a afrontar en la vida. Si aspiramos al poder, que nuestra ambición sea la de servir a los demás. Si queremos tener, que nuestra meta sea el compartir con amor, el ser solidarios con la situación de los demás.Creamos en el amor que ayuda si todos dan. Si buscamos con afán el placer, dominemos nuestro apetito sexual, convirtiéndolo de sentimiento y atracción en opción, decisión y compromiso en el sacramento del matrimonio o en la vida consagrada. El amor de hombre y mujer debe reflejar el amor de Dios: fiel, fecundo, generoso y sacrificado.La Cuaresma nos impulsa a reconocer nuestras esclavitudes en el campo del poder, del tener y del placer, luchemos para salir vencedores en las pruebas de la vida. Como Jesús nos enseñó, oremos pidiendo a Dios: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”.

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