La Sagrada Familia: ¡desplazada y perseguida!

La Sagrada Familia: ¡desplazada y perseguida!

Diciembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

El relato del evangelista (Mt 2, 13 –15, 19-23) que hoy se lee en la festividad de la Sagrada Familia, parece que no resulta extraño a muchas familias de nuestra Nación que han sido víctimas durante los últimos 50 años de la persecución, el desplazamiento y la violencia; cuántas vidas que apenas se inician han sido segadas de manera cruel e inhumana, cuánto dolor han debido soportar los padres de familia de numerosos hogares colombianos desde hace años atrás. Y con cuánta frialdad hemos escuchado de los actores de la violencia criminal “sí, en tal lugar hicimos una masacre y allí se encuentra una fosa común”.También la familia de Nazaret (José, María y Jesús) ha padecido la persecución injustificada. José, padre de Jesús y esposo de María, es alertado por el mensajero divino a prepararse, es decir, llenarse del valor y del coraje paternales, para salir en defensa de su propio hijo; y María, la madre, debe fortalecer su corazón y apelar a la capacidad de sacrificio, para defender el más preciado fruto de su vida. Nuevamente el aviso oportuno libra a esta familia sagrada de una segura tragedia: la muerte violenta de Jesús.La Iglesia hoy asume con especial valor el reto que le plantea la sociedad moderna a la entidad familiar calumniada y, en no pocas ocasiones, sometida al escarnio por ser, según sus detractores, tradicionalista y obsoleta. Clamar por recuperar la dignidad de la vida y de la persona humana han de ser objetivos prioritarios e impostergables de los hijos de Dios: la familia, la vida y todo lo que gira en su entorno, son valores no negociables, a pesar de la cultura de la post-modernidad y del avance tecnológico en que se mueve el mundo actual.La enseñanza de los valores humanos y cristianos son derecho fundamental de los padres y a ellos no se puede renunciar. El núcleo fundamental de la sociedad seguirá siendo la familia, y en ella, lo religioso, lo espiritual y todo aquello que propenda por la dignidad humana ha de ser cultivado, defendido y potenciado. Son éstos –entre otros- los elementos más ricos que nos regala la liturgia de hoy que exalta la dignidad suprema del amor conyugal en la familia.

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