La sagrada dignidad humana

La sagrada dignidad humana

Marzo 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

El valor de las personas se llama dignidad. Hombre y dignidad se identifican. “La humanidad misma -dice Kant- es una dignidad, porque el hombre no puede ser tratado por ningún hombre, ni por otro ni siquiera por sí mismo, como un simple medio, sino siempre, a la vez, como un fin. En ello, precisamente, estriba su dignidad”.Valga esta reflexión como eco al Evangelio de hoy y como marco de la conmemoración de los diez años del asesinato del arzobispo de Cali, ISAÍAS DUARTE CANCINO, el viernes 16 de marzo.La dignidad es la luz que despide lo magnánimo. Y así resuena en las proclamaciones bíblicas de este tercer domingo de Cuaresma: en la solemnidad del decálogo que recoge en sus mandatos la esencia divina, humana, social y sexual, terrígena y eterna de todo hombre y mujer. El salmo canta la perfección y belleza, la preciosidad y dulzura de la Ley del Señor (salmo 18). Y Pablo alcanza a expresar a los Corintios lo necio y lo débil de Dios, que superan toda sabiduría y fuerza humanas en Cristo Crucificado, es decir, en la dignidad humana sometida al escarnio y a la indignidad objetiva. Un crucificado agónico, manando sangre, ha sido siempre el emblema de la burla y del oprobio. Pero en esta imagen aciaga resalta la más pura dignidad en ropaje vil. Es ese valor el que emerge en el Templo de Jerusalén, armado del látigo de la denuncia para reclamar la dignidad de Dios y la dignidad del ser humano. El arzobispo DUARTE CANCINO es ejemplo y mensaje de esa dignidad humana, traducida en compromiso con las víctimas y los excluidos, en defensa de los derechos humanos y profetismo que incomodó a los victimarios. Por eso sobrevive y permanecerá en nuestra memoria.

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