La misericordia sin límites

Marzo 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Comentando el pasaje de la mujer adúltera que trae San Juan 8, 1-11, dice San Agustín: “Y todos se fueron. Sólo quedaron Él y ella; quedó el Creador y la creatura; quedó la miseria y la misericordia; quedó ella, consciente de su delito y Él que le perdonaba su pecado”. (Sermón 6 A).En el contexto del Jubileo de la misericordia, en el quinto domingo de cuaresma, encontramos este pasaje que nos acerca de manera especial al corazón de Dios, que en Jesús se hace misericordia. Sí, a la manera de una fuente inagotable de vida, brotan del corazón de Jesús la acogida y el perdón. Él acoge a la mujer señalada como adúltera y la perdona con una sola condición: “vete y en adelante no peques más”. Y para quienes la condenaban y ponían a prueba al Maestro, les da una lección vital: no tienen la autoridad moral para juzgar, para condenar, para apedrear, o como con tristeza se ha venido dando en días recientes en Colombia, para hacer justicia por sus propias manos. Jesús abrió el corazón y despertó la conciencia a los maestros de la ley y a los fariseos -y en ellos a nosotros- para que se dieran cuenta de que ninguno de ellos estaba libre de pecado y que era necesario que confiaran realmente en el Dios del amor, que “no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva”. (Ezequiel 18,23).No se trata de poner a prueba a Dios, tampoco se trata de presentarnos como los santos, los puros, los mejores. Se trata es de alegrarnos por el perdón que Dios nos ofrece, y reconocer la necesidad que tenemos de Él, de su amor y de su misericordia.Hoy estamos llamados a perdonar, a dar nuevas oportunidades a quienes con sincero corazón reconozcan sus faltas y pidan perdón. Si lo hacemos al estilo de Jesús, de seguro que seremos capaces de construir la nueva Colombia que soñamos y necesitamos.El Papa Francisco ha dicho que “La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona” (Misericordiae vultus, 3). La misericordia infinita de Dios sólo encuentra límite en el amor que nos tiene. Que escuchemos y acojamos la invitación de Jesús y del Santo Padre en este año jubilar a ser “misericordiosos como el Padre” (Lucas, 6, 36).

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