La autoridad de Jesús

La autoridad de Jesús

Enero 28, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Jesús de Nazaret fue un hombre que vivió extraña, provocativa y cautivadoramente; porque estaba convencido de que a través de su actuar se transparentaba Dios mismo, madrugaba a orar (dicen los Evangelios), hablaba de un Reino de Dios, llamaba Abba (papacito) a Dios, ponía en el centro de toda reunión a niños, mujeres y enfermos, su lenguaje era en parábolas (una especie de cuentos cortos con moralejas), y decía cosas incomprensibles para sus inmediatos seguidores: “Este hombre tiene que padecer mucho: tiene que ser rechazado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días” (Marcos 8,31).

Su persona y su vida fueron sentidas como un ataque a lo santo, por lo cual el poder religioso y político lo condenó a muerte como blasfemo y agitador social. Sus discípulos, que lo abandonaron en el momento crucial, reaparecieron después de su muerte afirmando algo incomprensible y a la vez maravilloso: 1. Que ése Jesús estaba vivo, con la Vida de Dios. 2. Que su muerte puso en evidencia la maldad de los hombres y la voluntad divina de no usar la fuerza contra los hombres. 3. Que Dios aceptaba esa forma de morir de Jesús. Y, finalmente, que con la resurrección de Jesús entraba en vigencia y se hacía real el programa de vida de Jesús, las bienaventuranzas.

Desde entonces se llama a ése Jesús, el Cristo, el Ungido de Dios, el Mesías, el Nuevo Adán. La novedad de Jesús de Nazaret se convirtió así en promesa de vida, desde Jesús y con Jesús, la fraternidad, la justicia y la libertad tienen vigor y razón de ser aunque todo y todos atenten contra ellas. Con Jesús, y desde Jesús, se puede Vivir como él vivió, entregando la vida, saliendo de sí mismo, en espera del día en que todo mal sea vencido. Dios estaba presente en el hombre Jesús, reconciliando lo divino y lo humano. Esa es la Autoridad de Jesús, autoridad que todos los creyentes reciben en la Eucaristía al unirse con Cristo, para ser hombres y mujeres nuevos llenos de la autoridad de Dios, la autoridad del servicio, la autoridad de entregar la vida sin reservarse nada para sí.

VER COMENTARIOS
Columnistas