La arrogancia de los fariseos

La arrogancia de los fariseos

Noviembre 05, 2017 - 06:15 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

A dos meses de la venida del Papa Francisco, los obispos de Colombia hemos estado reunidos en asamblea extraordinaria para evaluar y discernir los mensajes, los discursos y homilías que el papa nos regaló durante su visita del 06 al 10 de septiembre por estas hermosas tierras colombianas.

Sin lugar a dudas fue una gran bendición para todos nosotros el paso de la persona del sucesor de Pedro, obispo de Roma. Lo sentimos como el representante de Jesús, buen pastor, que vino a fortalecer nuestra fe, esperanza y caridad. Vino como bálsamo cicatrizante frente a tanto sufrimiento de nuestros hermanos, e inyectó una nueva alegría y un nuevo horizonte de esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Precisamente el evangelio de hoy nos presenta a Jesús predicando en la ciudad de Jerusalén ante una gran multitud contra las actitudes arrogantes e hipócritas de los fariseos que fungen servir a Dios escrupulosamente y solo les importa llamar la atención y hacer cumplir todas las normas de su religión judía. Mateo 23,1-12.

Los que somos sucesores de los apóstoles junto con nuestros presbíteros debemos revisar constantemente nuestro servicio pastoral para no caer, halagados por la mentalidad mundana, en actitudes farisaicas: “Hagan y cumplan todo lo que les digan, pero no imiten su conducta, pues dicen pero no hacen. Inventan cargas pesadas e insoportables y se las ponen a los demás sobre los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar”.

El papa Francisco nos mostró un verdadero ejemplo de pastor en salida. Tuvo encuentros con todos los colombianos de todas las clases sociales y sin lugar a dudas nos mostró con sus gestos de caridad la opción por los marginados, los pobres y los pecadores. Vivió la palabra que el evangelio de hoy nos recuerda: “El superior entre ustedes debe ser servidor de los demás. El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Todas las orientaciones del papa Francisco nos tienen que servir a los colombianos para responder con mayor claridad y contundencia a los grandes desafíos que sufrimos en estos últimos tiempos: la polarización política de nuestro pueblo, la corrupción institucionalizada en algunos sectores del país, las ideologías de género que pretenden destruir la familia, los atropellos sistematizados contra la dignidad de la vida humana, la drogadicción fruto del narcotráfico organizado, y sin lugar a dudas, el desconcierto de muchos sectores del país que no ven claridad el futuro de Colombia.

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