La alegría de Dios es perdonar

Marzo 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Con mucha frecuencia, creyentes y no practicantes, tienen una imagen equivocada y distorsionada de Dios. Sin embargo, la historia de la salvación, contenida en la biblia nos muestra la experiencia gozosa de un pueblo, el de Israel y luego el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, que siente la cercanía, la bondad, la ternura, el amor de Dios en los acontecimientos concretos de la vida personal y comunitaria.Jesús de Nazaret enfrentó con valentía el legalismo de los escribas y fariseos de su tiempo, pues estos le criticaban que acogía a los pecadores y compartía con ellos.Jesús de Nazaret es quien ha descrito la verdadera imagen de Dios como Padre, a partir de su experiencia de Dios como Padre, un padre que ama por igual tanto a su hijo mayor como al menor, la diferencia de este amor la imponen los dos hijos, no el padre. El hijo mayor cree que ha hecho méritos suficientes para ganarse el amor del padre y por eso debe ser recompensado. Mientras que la mala conducta del hijo menor debe ser castigada. Lo que causa escándalo es que Jesús de Nazaret muestra al hijo menor como quien acapara el amor del padre a pesar de la envidia del hijo mayor.El hijo mayor no comprendió que el amor de padre es gratuito y que cada quien debe tener conciencia de la gratuidad de este amor. Nuestra relación de amor a Dios corre el riesgo de romperse por nuestras actitudes y obras de no amor a los demás. Dios Padre misericordioso y compasivo es quien nos llama a la búsqueda del perdón de Él como Padre, quien nos acogerá con intensa alegría.Explicando esta parábola del Padre Misericordioso, el Papa Francisco dice: “La Alegría de Dios es perdonar. Es la alegría del Padre que vuelve a recibir en casa al hijo que se había perdido, que estaba como muerto y ha vuelto a la vida. Aquí está todo el evangelio y todo el cristianismo. La misericordia es la verdadera fuerza que salva al mundo del cáncer que es el pecado. El hijo menor desperdició su propia libertad. Dios es un Padre paciente, nos espera siempre. Y cuando volvemos a Él nos acoge como hijos en su casa, porque no deja ni por un momento, de esperarnos con amor”. Por esto vivamos este Año Santo de la Misericordia.

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