“Hoy ha llegado la salvación a esta casa”

“Hoy ha llegado la salvación a esta casa”

Octubre 31, 2010 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Este domingo nos presenta la Liturgia un mensaje de esperanza, de alegría, de optimismo. Las palabras, que nos sirven de título, son las que pronuncia el Señor Jesucristo con ocasión de su visita a la casa de Zaqueo (Cf. Lucas 19, 1-10). Bien se pueden entender como dichas a cada uno de nosotros en la celebración de la Santa Misa de este domingo.Estas palabras del Salvador están en un contexto muy lleno de mensaje de alegría y esperanza en las páginas bíblicas que hoy escuchamos en la Santa Misa.En la lectura del libro de la Sabiduría (11, 22 – 12,2) se nos hace ver que Dios, amante de la vida, amigo de todas sus obras, no quiere la muerte, la destrucción de nadie. El Señor va actuando, poco a poco, para dar un espacio a la conversión de cada uno de nosotros.San Pablo, en la segunda Carta a los Tesalonicenses (1, 11 –2,2) afirma que los sufrimientos de la vida presente son bien poca cosa puestos al frente de lo que, con toda seguridad, podemos alcanzar. Nuestra meta es segura porque Cristo Jesús ha resucitado, confiamos en el Padre celestial, quien con fuerza y amor, ha resucitado a su Hijo Jesucristo. No vamos caminando hacia la destrucción definitiva, nuestra existencia ha de culminar en la gloria futura.En el Evangelio (Lucas 19, 1-10), Jesús toma la iniciativa. Un hombre, llamado Zaqueo, recaudador de impuestos, ha buscado ver a este Jesús que pasa por el camino en el que él mismo se encuentra. Jesús lo mira y le dice: “Zaqueo, baja enseguida, que hoy voy a quedarme en tu casa”. Esta cercanía de Jesús hace que, quien ha sido recaudador de impuestos, cambie su manera de pensar y de vivir, Zaqueo dice: “voy a dar a los pobres la mitad de lo que tengo, y si a alguien le cobré más de lo debido, le voy a devolver cuatro veces más”. Jesús dice: “Hoy llegó la salvación a esta casa, pues también Zaqueo es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar a los que estaban perdidos”.Nuestros corazones enfermos de egoísmo e injusticia, pueden ser cambiados por el Señor Jesucristo; el encuentro real con Él, puede transformarnos: nos hace justos, caritativos, serviciales; nos da la paz y nos constituye en mensajeros de reconciliación.

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