Escuchar a Cristo maestro

Escuchar a Cristo maestro

Marzo 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

A pesar de la avanzada tecnología, en el mundo hay personas que, en su ingenuidad, creen en adivinos, en horóscopos, en la carta astral, en sesiones de espiritismo, en mensajes extraterrestres, en el ocultismo, con el supuesto que es algo científico y verdadero.Este segundo domingo de Cuaresma nos presenta el acontecimiento de la transfiguración de Cristo, del que fueron testigos los discípulos Pedro, Santiago y Juan. Ellos quisieron comunicar a la Iglesia su experiencia, que fue un hecho histórico pero a la vez divino y sobrenatural.Por revelación del Padre Dios, los discípulos vieron en un instante quien era Jesús de Nazaret, lo vieron en todo su esplendor, en su hermosura, en el rostro y en el cuerpo de Cristo transfigurado y lleno de luz. Este acontecimiento muestra su identidad de Hijo amado del Padre Dios, que deberá como hombre padecer, sufrir y morir para luego ser glorificado en su resurrección. Pero además, este evento nos indica que Jesús de Nazaret es el Maestro, a quien hay que escuchar por ser sus discípulos y discípulas. Dios entrega a Jesucristo como Maestro incomparable de la humanidad.Escuchar a Jesucristo no es sólo una orden sino también una gracia, un privilegio, un regalo gratuito, un don inmerecido. Hay que recordar que en la Biblia escuchar es lo mismo que obedecer. Pero, ¿Dónde nos habla Jesucristo? Jesucristo nos habla a través de la conciencia, que nos remuerde si se hace el mal y nos anima a hacer el bien, pero esta conciencia necesita ser iluminada por la enseñanza del Maestro Jesús, que es el Evangelio, lugar por excelencia donde el Señor nos habla hoy. No hay vida cristiana auténtica sino se vive el Evangelio, pues solo él, da respuestas acertadas y verdaderas a los interrogantes del corazón humano.Aprenderíamos mucho si aceptáramos a Jesucristo Maestro, si nos matriculáramos en la escuela del Evangelio y fuéramos diligentes discípulos y discípulas del Señor Jesús.Diferente y mejor sería nuestra existencia si, en un proceso de discipulado cuidadoso y exigente, pusiéramos en práctica su palabra que es vida, verdad, belleza, esperanza y amor.

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