¿En la vida eres trigo o cizaña?

¿En la vida eres trigo o cizaña?

Julio 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

En la vida encontramos personas que dividen la humanidad entre buenos y malos. Cuando amamos a una persona sólo le descubrimos cualidades y cuando sentimos antipatía le vemos muchos defectos. Con la comparación del trigo y la cizaña, el maestro Jesús de Nazaret nos quiere ayudar a descubrir tanto el bien como el mal que hay en cada uno de nosotros. Somos a la vez trigo y cizaña. Si fuéramos más objetivos no seríamos intolerantes, intransigentes, no excluiríamos ni marginaríamos a ninguna persona por un detalle.Con la parábola del trigo y la cizaña el maestro Jesús nos enseña cómo en cada cual se mezclan y están presentes la capacidad de bien y de maldad.La paciencia de Dios aguarda a que madure la cosecha para hacer la separación definitiva del trigo y de la cizaña en el día del juicio. Todo lo contrario a lo que hace un agricultor, que, de manera constante, arranca la maleza a fin de que no perjudique el trigo.La comparación del trigo y la cizaña nos descubre la paciencia histórica de Dios con cada persona. Dios no pretende arrancar la cizaña de inmediato, Él espera y confía en las personas hasta el final de sus vidas. El tiempo sobre la tierra es el tiempo de la paciencia y espera de Dios.Con la comparación del trigo y la cizaña el Señor Jesús nos enseña que siempre el bien y el mal están mezclados en la vida de una persona o de una comunidad. Él lo afirma: ”Déjenlos crecer juntos hasta la cosecha”. Esta dura realidad no debe desanimar a los discípulos del Señor Jesús, hay un rayo de esperanza, esta situación no durará para siempre.No da lo mismo ser trigo que ser cizaña. Al final a cada uno se hará un juicio severo y exigente. Dios, como buen patrón, da suficiente tiempo para reflexionar y espera un cambio de vida.Este proceder y actitud desconcertante de Dios es el que estamos llamados a asumir y reflejar con los demás, siendo pacientes y tolerantes en medio de la dura realidad de Colombia. Arranquemos de raíz la cizaña en nuestra vida y seamos trigo limpio y bueno en el campo de Dios, que es la Iglesia y la humanidad.

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