El perdón

El perdón

Febrero 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

“Si no perdonas, mientes y tratas de mentir a quien no puedes engañar” (San Agustín).“El evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos… El Hijo de Dios con su encarnación nos invitó a la revolución de la ternura” (E.G. 88) Esta reflexión del Papa Francisco no por actual es novedosa, pertenece a la esencia misma del cristianismo y al mensaje característico de Jesús; hace parte de la expresión del testimonio de su vida, no solo de sus palabras. Además, hace parte del verdadero humanismo, de su trascendencia y de la fortaleza de sus principios; constituye el mejor patrimonio de nuestra fe y de nuestra iglesia.Abrir las páginas de los escritores cristianos y contemplar los testimonios de sus vidas – sobre todo la de los mártires – es gozarnos de tan inocultable verdad: solo quien perdona y ama al prójimo en el espíritu del Evangelio es auténtico seguidor de Jesús y del cristianismo. Así pues ni la plegaria misma, que es enseñada y exigida por Jesús, hacen parte del inventario necesario de nuestro juicio ante Dios: solo el perdón, el amor y las obras que conllevan estas realidades. Así lo propuso Jesús: “Lo que habéis hecho con uno de estos mis hermanos, lo habéis hecho conmigo; venid benditos de mi Padre a gozar del Reino prometido”.Con razón el gran Padre y Doctor de la Iglesia, el convertido de Milán, profundo conocedor de la condición humana y de la fe cristiana, Agustín de Hipona pudo predicar así: “Dime: cuando perdonas de corazón ¿qué es lo que pierdes? ¿cuándo perdonas a quien peca contra ti, qué tienes de menos en tu corazón?. Perdona de corazón, pero nada de allí pierdes… Por tanto, cuando perdonas, no solo no pierdes nada, sino que obtienes una más abundante irrigación” (Sermón 352, 7).En vísperas, Dios lo permita, de la firma de un acuerdo de paz para nuestra Nación, esta enseñanza es fundamental para la reconciliación nacional y la reconstrucción del tejido social y religioso de nuestro País. Como siempre el evangelio y su doctrina son verdades perennes.

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