El hombre, culpable del hambre

Julio 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Cinco continentes y dos océanos, repletos de pan y peces. Una humanidad hambreada y “buscando qué comer”. ¿No son estas cifras del Evangelio de hoy el símbolo aritmético de la bondad de Dios con la humanidad entera, la denuncia divina contra el hambre que el ser humano y no el Creador genera y sostiene, desvergonzadamente, sobre la tierra? El capitalismo salvaje y el consumismo del epulón insaciable transforman en desierto y en erial humano el planeta. Atmósfera, tierra, mares, polos, entran en la locura de la codicia. África, hambreada y desértica, migrantes que por oleadas pasan del sur explotado al norte explotador de la geografía humana, un mundo determinado por los gritos y la locura de las bolsas de valores, afincado en monedas y billetes, dedicado a ejércitos y armas: ¿En dónde quedan aquí los hambreados de la tierra, la seguridad alimentaria, el agua potable, el hábitat seguro, el aire limpio?El Evangelio de esta semana nos centra en la gratuidad de Dios y de lo creado, en el ser padre y madre de Dios, que proveen y alimentan a la humanidad, en el Hijo que abre el banquete de la fraternidad, liberándonos de la escasez que creamos los humanos. “No tienen que irse…(están  en su casa), dénles ustedes de comer” (sean padres y madres para estos hijos). Y el ‘fiambre’ de un muchacho, dos panes y cinco peces, se multiplica en comida para una multitud, en sobras de ‘doce’ canastos, en saciedad de hombres, mujeres y niños (familias), aunque estos últimos no entren en la contabilidad. Es el milagro de la eucaristía: el multiplicado pan del cielo nos transforma en multiplicadores del pan de la tierra. En vez de ser hombres culpables del hambre, que restamos y dividimos el don de Dios, nos volvemos comunidad que promueve un mundo justo, unido y capaz de saborear las delicias de Dios. “Abres, Tú, la mano y sacías de favores a todo viviente” (salmo). Unidos, combatamos el hambre y garanticemos la vida digna de todos los seres humanos.

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