El evangelio

El evangelio

Agosto 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Muchos creen que seguir a Jesús, es caminar por una senda de sacrificio, de mortificación, de entrega, de servicio, de pobreza: es como un convivir con el dolor y el sufrimiento. ¡Qué tristeza! Eso sería como una especie de masoquismo disimulado: sufrir por sufrir. La verdad es que se trata de una nueva manera de vivir la vida, con una visión clara de la meta que queremos alcanzar, y cuya razón de ser es la felicidad.Esa es la esperanza cristiana: LA FELICIDAD. Este es el plan de Dios y para eso fuimos creados: para ser felices. La felicidad no se encuentra sólo a la hora de la muerte, no, ya desde ahora debemos disfrutar la vida, y lo podemos lograr si desde ya decidimos ser LIBRES, aunque para nosotros esa es la dificultad, porque este mundo nos presenta, como lo hacen las casas comerciales, muchos de sus productos muy bien envueltos y en una campaña comercial tan efectiva que nosotros fácilmente podemos caer en esos atractivos que el ambiente nos ofrece y que al final resultan ser formas de esclavitud que nos impiden el logro de la felicidad.Si tenemos conciencia clara y fe en el proyecto amoroso de Dios, vamos a comprender que los bienes del mundo en sí mismos son un regalo de Dios que nos pueden servir para nuestro bien o nuestro mal: el dinero, el sexo, el juego, el poder. Algún escritor decía: “La ciencia no tiene una dimensión moral. Es como un bisturí que se le da a un cirujano o a un asesino, cada uno de ellos lo utilizará de manera diferente”.Nosotros tenemos una meta, un destino: el encuentro con el Padre Dios. Para llegar a él tenemos que recorrer un camino, como dice el Papa Francisco: Es el “camino que une a Dios y el hombre, ya que abre el corazón a la esperanza de ser amado para siempre, a pesar de nuestros pecados”.En ese recorrido vamos a encontrar “el trigo y la cizaña que crecen juntos”, cosas maravillosas y grandes dificultades, por eso el Señor nos dice que debemos mantener el espíritu elevado con la mirada puesta en la meta, en los bienes de allá arriba, no dejarnos esclavizar por los encantos de este mundo, á ellos los encontramos en el camino de la vida, pero no son la meta, los encontramos, nosotros seguimos y ellos van pasando.

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