“¿Dónde están los otros nueve?”

Octubre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Sí, efectivamente, habían sido diez los hombres que quedaron limpios de la terrible enfermedad de la lepra cuando cumplían la orden de Jesús de ir a presentarse ante el sacerdote, tal como lo prescribía la Ley de Moisés, que otorgaba a los sacerdotes amplísimos y precisos poderes para dictaminar sobre afecciones cutáneas en general y sobre la lepra y su sanación en particular (Cfr. Lev. 14).El milagro de Jesús, que hoy nos narra el Evangelio de San Lucas (cap. 17,11-19), tiene como aspectos especiales no solo el haber sido otorgado a distancia como otros pocos casos (por ejemplo, la curación del hijo del oficial romano, cfr. Jn. 4, 47-54; o la de la hija de la cananea, cfr. Mt. 15, 21-28), sino que éste fue pedido “a los gritos” ya que los leprosos no podían aproximarse a los sanos (cfr. Lev. 13, 45-46) y así mismo, ‘gritada’, tuvo que ser transmitida la respuesta sanadora de Jesús.Pero hay otro aspecto que es precisamente el que subraya el evangelista y es la queja del Maestro porque sólo uno de los curados portentosamente haya regresado glorificando a Dios y agradeciendo al taumaturgo que lo ha sanado: “¿Y no quedaron los diez libres de su enfermedad?”. Podría parecer a primera vista que Jesús reclama por la falta de gratitud para con él... lo que constituiría un caso único en el Evangelio, donde él aparece más bien rehuyendo elogios por sus portentos. Empero lo que extraña al Maestro es que “No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” (v. 18). Es la actitud del Hijo, que busca siempre y en todo la gloria del Padre. Ante esta narración cabe preguntarnos: ¿qué tanta conciencia tengo yo de los múltiples y grandes dones que recibo continuamente de parte de Dios?, ¿qué cabida doy yo en mis oraciones a la acción de gracias por los cuidados que continuamente tiene Dios para conmigo? Como soy pronto e insistente para pedir, ¿lo soy también para agradecer?

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