Domingo 4 de Pascua- Evangelio de Juan 10,27-30

Abril 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La experiencia que desde hace 20 siglos comunicamos quienes creemos en Jesucristo, es la de que Jesús, a quien mataron como a un infame, crucificándolo en medio de dos bandidos, ¡Está vivo!Los relatos de estos domingos de Pascua han expresado esta verdad. El mismo Jesús, con quien compartieron, a quien oyeron y vieron, a quien tocaron y con quien comieron, está vivo. Que esté vivo, que haya resucitado, le posibilita vivir en cada persona que lo recibe y le obedece. Pedro ante el Sanedrín, dijo: “Nosotros somos testigos de estas cosas y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen” (Hch. 5, 32). La presencia del Espíritu va formando en cada uno a Jesucristo vivo.En el relato de este domingo, que llamamos, del Buen Pastor, nos dice Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”. Escuchar la voz del pastor está unido a obedecerlo aceptar su manera de pensar y seguirlo. Lo que no siempre fue fácil a los apóstoles. Simón Pedro tuvo que pasar un camino de conversión, de cambio, de enfoque de vida y de mentalidad antes de que Jesús le dijera: “Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos”(Jn 21,15). En la última cena no quería dejarse lavar los pies, porque Jesús era el Maestro y él era discípulo. Quiso dar su vida por Jesús sin entender que era Jesús quien daría su vida por él. Se enfrentó a los que buscaban a Jesús, en el huerto de los Olivos, al sacar la espada y cortar la oreja de Malco, y desconcertado tuvo que guardarla ante la orden de Jesús. Ya en Cesarea de Filipo, cuando quiso disuadir a Jesús de subir a Jerusalén en donde correría peligro, recibió la más dura reprimenda: “Apártate de mi vista satanás, porque no piensas como Dios sino como los hombres” (Mt 16,23). Cuando escuchamos su voz, cuando ponemos en práctica su palabra, podemos estar seguros de que Él nos tiene agarrados de su mano y nadie podrá separarnos de él. Él nos da vida eterna, le da sentido a esta vida que trascenderá la muerte y podremos estar para siempre con él.Jesús dice que el pastor conoce sus ovejas. Jesús nos conoce, sabe de nuestra buena voluntad y de nuestras debilidades, conoce hasta el fondo de nuestra alma las intenciones del corazón, los esfuerzos que hacemos por responderle, nuestras ilusiones y anhelos, y también nuestras frustraciones, caídas, pecados y todo lo que somos. Dejemos que el resucitado sea nuestro Pastor y que nos guíe desde nuestro interior al hablarnos al corazón de mil maneras, pero especialmente través de la Sagrada Escritura y de los que él ha puesto para guiar su rebaño: el Papa, los obispos y sacerdotes.

VER COMENTARIOS
Columnistas