Día del Buen Pastor

Abril 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia lo llama: ‘Del Buen Pastor’ y nos invita, primero a meditar en las palabras de Jesús : “Yo soy el Buen Pastor, conozco mis ovejas , y doy la vida por ellas”, y en segundo lugar a pensar en aquellos que Él dejó en la tierra para continuar su obra. Yo los invito a hacerlo. La primera característica del buen pastor es que “conoce sus ovejas”, el Señor nos conoce, nos acompaña en cada momento de nuestra vida, sabe de nuestros valores y de nuestras limitaciones, y espera lo que continúa diciendo: “Mis ovejas me conocen a mí”, y aquí se presenta el primer interrogante que tengo yo que hacerme: ¿Yo conozco a Jesús? ¿Qué hago para conocerlo? ¿Estudio su palabra para conocer su doctrina? Pero es que cuando me pide que lo conozca es con un conocimiento como el suyo, que dio la vida por mí, es un cocimiento que me compromete con Él como pastor y con los demás miembros de su rebaño, todos los hombres a quienes debo amar por amor a Él. Corremos el peligro de dejarnos llevar de la rutina y no preocuparnos por conocer de verdad a Jesús y no preocuparnos de los demás miembros del rebaño. Hoy también la Iglesia nos invita a meditar y a rogar por todos aquellos que el mismo Señor dejó en la tierra para que hicieran sus veces como pastores, El santo padre Francisco, este Pastor maravilloso que el Señor ha colocado al frente de la Iglesia, y que nos está dando una doctrina que desconcierta a algunos pero que nos llena de júbilo a la inmensa mayoría, el arzobispo monseñor Darío de Jesús y sus obispos auxiliares que orientan la grey de Cali, y nos dan continuamente las pautas para vivir el Evangelio, los párrocos en cada lugar que al pie de cada comunidad van sembrando el bien y la verdad y en fin todos los sacerdotes que cumplen con el encargo de guiar la Iglesia, rebaño de Cristo. Los fieles de la Iglesia hoy estamos llamados a rogar por todos ellos y a pedir al Señor que envíe pastores que continúen su obra, rogar por las vocaciones sacerdotales es hoy un deber de todo cristiano.

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