De pie en medio de catástrofes

De pie en medio de catástrofes

Noviembre 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

“Todo es catástrofe sin Dios”. Es una frase de Ionesco, el dramaturgo francés del siglo pasado (1912-1994). Por eso la última palabra de la historia la tiene Dios y no las catástrofes humanas, naturales y culturales. El mundo, incluso, podrá tener su final. Pero más que ello, es la finalidad del Amor de Dios que se hizo mundo y carne, naturaleza e historia. Esa finalidad es la que tenemos que testimoniar, transmitir y plasmar en ellos, en la naturaleza y la historia, nosotros los creyentes. Mientras más crezca la finalidad, es decir, el verdadero sentido del mundo y de nuestra existencia, menor será el riesgo de destrucción y final, de apocalipsis universal. Mientras subsista en el mundo la esperanza de la victoria del Crucificado sobre la muerte, mal biológico que amenaza con absorberse la dimensión espiritual y ética de nuestras vidas, toda catástrofe será relativa y estará destinada a hacer crecer y madurar la fe. Nos está hiriendo duramente la capacidad destructiva y mortífera de las personas sin finalidad, sin horizonte eterno, sin el Amor de Dios y la semilla de la resurrección en sus conciencias, dominadas absolutamente por intereses tenebrosos y por la seducción de matar, de llevar esas prótesis letales que llamamos “armas” y que deshumanizan y alienan la vida social, la relación inter-humana y el trabajo creador. Muertes, masacres, sangre que hiere la tierra y profana los espacios humanos, se vuelven cotidianidad catastrófica. La obsesión por la seguridad armada nos vuelve más débiles y vulnerables. Pero la Palabra nos dice hoy que nos calienta e ilumina “el Sol de justicia que lleva la salud en las alas” (Malaquías 4,2). Que la fe, el amor y el trabajo son inseparables frutos de una vida fundada en la esperanza. Que las tragedias no nos conviertan en predicadores de catástrofes y ministros del miedo. Que si estos pululan, “¡cuidadito con dejarse engañar por ellos!”, “no vayan tras ellos”, “no tengan pánico”, “no se dediquen a su auto-defensa”, “su perseverancia en la verdadera fe salvará sus almas”. Es el manual de comportamiento que nos da Jesús para este tipo de tiempos. Es hora de retomarlo con absoluta certeza y con firmeza inconmovible.

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