¿Cristianos sin comunidad?

Abril 27, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Hemos celebrado la Pascua anual 2014. El encuentro de cada ser humano con Jesucristo Resucitado ha sido, es y será, lo más impactante que una persona pueda experimentar durante su existencia. Porque es encuentro consigo mismo, con la verdad de su vivir y morir, con su necesidad de saberse amado y su capacidad de amar, con su experiencia del dolor, la limitación y el placer, en fin, con su voluntad de poder, de tener, de saber, de hacer. Solo este “encuentro acompañado” de ese “otro yo” que asume y confronta el mío, el Yo de Jesús, hace posible replantear la conciencia de sí, las relaciones, los valores, la vida entera como proyecto infinito. Mientras no aparezca Jesucristo en mi historia personal estaré lejos de esta trasformación interior.Hoy, domingo siguiente a la Pascua, el mensaje nos hace valorar a quienes pueden compartir dicha experiencia de “encontrados”. Unas mujeres, en esa época inaceptables como “testigos”, son las escogidas para testimoniar el acontecimiento. Pero los destinatarios fueron los mismos que le fallaron a Jesús: Pedro y compañías. Con ellos reinicia Jesús, generando unas relaciones nuevas. Es iniciativa de Jesús. Les “sale” al encuentro, se pone en medio, los saluda con la paz y los reconcilia consigo mismos y con él. Los reúne con la Buena Nueva de la resurrección. Los convoca a la fraternidad, a la comunión solidaria, y a la fecundidad misionera. A vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5, 13-16).Hoy en día, proliferan los cristianismos que, como el del apóstol Tomás, menosprecian la experiencia ajena, no le creen al “testimonio” de la comunidad creyente, sino a la experiencia individual, a la revelación privada, a la propia visión y tacto. Es la vía para castrar también la dimensión social y comunitaria del Evangelio, ese sabor de prójimo, de pobre, de solidaridad y profecía, de comunidades alternativas a los modelos societarios vigentes. La Iglesia de Juan XXIII y Juan Pablo II, canonizados hoy como nuevos santos, esa Iglesia del Papa Francisco, acompañado hoy por Benedicto XVI, caso excepcional, sigue atestiguando que no hay cristianos sin comunidad. Que la comunidad eclesial brota de la misericordia divina infinita y conduce a la fe por testimonio y al compartir fraterno, igualitario y universal, inspirado en la fracción del pan. ¡No menospreciemos ser, pertenecer y participar en la Iglesia! “Que sean uno para que el mundo crea” (Juan 17, 21). “¡No nos dejemos robar la comunidad!” (Alegría del Evangelio, 92).

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad