Conmoverse, despertarse

Junio 05, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Si en el análisis de cualquier texto literario los verbos resultan ser palabras claves, con mayor razón se aplica esto a los pasajes bíblicos. En un ‘entierro de pueblo’, en una pequeña vereda llamada Naín, mucha gente acompañaba a una viuda al entierro de su hijo único: “Al verla, al Señor se le conmovieron las entrañas por ella y le dijo: no llores”. Así narra el Evangelista san Lucas el pasaje que hoy se proclama en la celebración de la Eucaristía. Los estudiosos de la Biblia dicen que es un verbo muy bello: “Se conmovió”, “sintió compasión”. Este verbo se usa en este pasaje y luego a propósito del buen samaritano (el que siente compasión al encontrar a un herido tirado en el camino), y vuelve a usarse en el caso del padre que ve regresar al hijo pródigo. Ese Jesús que mira con amor y compasión el sufrimiento humano es el signo patente de la Misericordia de Dios. El otro verbo clave del relato está en boca de Jesús: “Muchacho, contigo hablo, despiértate”. Y de nuevo los estudiosos dirán que el verbo tiene que ver con resurrección. En verdad, la palabra cementerio viene de una raíz griega que significa dormir, cementerio sería pues ‘el dormitorio’. Y así estamos ya en el sentido profundo del pasaje evangélico que hoy resuena en los templos. La relación que rompe la muerte, la palabra, es restituida por aquel que tiene poder sobre la muerte: “entonces el muerto se incorporó y comenzó a hablar”. Se entiende la sorpresa de la gente y la explicación que dan: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo”. Por eso cada domingo dice el sacerdote en la celebración eucarística: “Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tierra y reunida hoy domingo, día en que Cristo ha vencido la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal”. Es una certeza grande y profunda. La Eucaristía tiene que ver con eso, con el triunfo de la vida sobre la muerte, con la cercanía del que ha vencido todo dolor y todo sufrimiento, con el señorío del Resucitado. En este Año De La Misericordia volvamos la mirada al que se ‘conmueve’ de nosotros y ‘nos despierta’ de la muerte.

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