¿Cómo ser humildes?

Enero 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Al concluir el tiempo de Navidad y entrar de lleno en el año nuevo laboral, retomamos las coordenadas de lo cotidiano y del futuro. La vida sigue, el tiempo marca inexorable su calendario y la responsabilidad de cada uno y de todos se pone a prueba. Crecer, avanzar, madurar, lograr metas, acercar ideales a lo real, construir juntos un hogar, una ciudad, un país: todo ello podría expresar el arranque en serio del 2014. Sin embargo, como dice el Papa Francisco, “HAY QUE PRIMEREAR” lo esencial, lo sustantivo. Es lo que apunta al SER de cada uno y de su entorno humano, antes que al mero saber, hacer, triunfar, dominar, disfrutar. O como dicen hoy, al reino de las ‘g’ que tanto seducen: ganar, gastar, gustar, gozar. La línea del SER es el encuentro con uno mismo, con lo gratuito de existir, de tener a otros al lado, de poder disfrutar del cuerpo y del espíritu que lo anima, de asomarse a la belleza del amor, de saborear el regalo que es cada vínculo, la sorpresa de toda persona, la belleza de la naturaleza, en fin, la grandeza infinita de Dios. Es la línea que marca la Palabra de este domingo, poniendo ante nuestros ojos y oídos a Jesús y a Juan Bautista metidos en pleno río Jordán, en medio de muchos penitentes que buscan liberarse de sus culpas y apegos. Son dos humildades impresionantes las que hablan y discuten quién dobla sus rodillas primero para recibir el “bautismo de agua”.Y allí está la lección primera de la vida: SER HUMILDES unos con otros, tener como superiores a los otros. Así recibimos el agua de Juan sobre la cabeza y el Espíritu Santo de Jesús dentro del corazón. La humildad significa meterse uno en su propia forma y esencia de creatura, de humano, de limitado, mortal y frágil, de pecador. ¡Jesús haciendo fila entre los pecadores! Por ello, porque es plenamente humano, porque es un creyente más entre otros, es “el Hijo, el Amado, el Predilecto de Dios”. Solamente quien hace uso de las propias rodillas para adorar y “cumplir así todo lo que Dios quiere”, quien sabe inclinarse ante el otro e, incluso, desatarle la correa del zapato o lavarle los pies, entra en este camino del SER HUMILDE, para que todo lo demás (saber, hacer, tener, gobernar, disfrutar), quede moderado y edificado sobre piedra firme. Junto a estas dos humildades juntas, Jesús y Juan, agradezcamos esta “humildad contemporánea”, la del Papa Francisco, que nos sorprende cada día con sus gestos, palabras y decisiones, direccionando todo hacia la humildad, hacia ser sencillos para hacernos servidores. Hermanos y hermanas: ¡nos llegó la hora de aprender a ser humildes!

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