Cielo nuevo y tierra nueva

Noviembre 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

A los primeros cristianos les era difícil perseverar en el seguimiento de Jesús por  las persecuciones,  y por eso se preguntaban: ¿cuándo se implantará el reino de Dios? En un lenguaje propio de la literatura apocalíptica, dice Jesús a sus discípulos: "En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo.  Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad” (Mc. 13,24). Si tenemos en cuenta que  la “conmoción cósmica” mencionada no es lo importante, pues Jesús mismo nos dice que “El Reino de los cielos no vendrá espectacularmente, pues está dentro de nosotros” (Lc. 17,20),  llegamos a la conclusión de que el centro de este gran suceso es la gloria de Dios que nos llenará de felicidad a los seguidores de Jesús, pues será una realidad la esperanza que siempre nos animó de tener un cielo nuevo y una nueva tierra donde la presencia del Señor habitará con nosotros.  (Zac. 8,8).  Esa es nuestra esperanza, el reino de la vida y del amor;  de la fraternidad, del encuentro, de la solidaridad.  Por eso no creemos, como decía el filósofo Heidegger que los seres humanos  nacimos destinados a la muerte, y rechazamos todo signo de muerte: la mal llamada  “muerte digna”, la violencia en todas sus formas, al aborto,  al maltrato familiar o al de la mujer. Tampoco creemos que el ser humano haya nacido para terminar en la nada, como decía otro filósofo alemán, Nietzsche, aunque reconocemos que la vida pierde su sentido, se hace mediocre y estéril, cuando le quitamos la oportunidad de ser feliz, por     el apego al  dinero, en vez de la solidaridad; al poder, en vez del servicio a los demás; y al placer, en vez del amor. Para nosotros también es  difícil, hoy,  seguir a  de Jesús, pero, creemos  que la vida llena de amor a Dios y comprometida con un mundo más humano, será el motivo de la gran felicidad que viviremos en el encuentro final con el Señor.

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