Ascensión de Jesucristo a los cielos

Mayo 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

En el Credo decimos: “Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso”, para expresar lo que escuchamos en la Palabra de Dios de ésta fiesta (Hech 1,9; Ef 1,20-23; Mc 16,19). Es el final de la presencia física del Hijo de Dios Padre, que había bajado haciéndose hombre, encarnándose por obra y gracia del Espíritu Santo, en María Virgen; y con su vida, pasión, muerte y resurrección, recorrió su historia y asumió la nuestra. Con el don de su Espíritu Santo nos une a Él y nos da la vida para renovar nuestra historia personal y llenarla de sentido, como camino hacia la plenitud a través de nuestra muerte y resurrección personal. La Ascensión no es tanto una ausencia, es el comienzo de una manera diferente de presencia. El Señor está en su Iglesia, que es prolongación de Él. Entre aquellos que se reunen en su nombre. En su palabra leída en la comunidad; en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, donde lo acogemos realmente presente y lo asumimos como nuestro alimento de esta vida de resurrección; en sus ministros ordenados; y debe ser muy notoria para nosotros, por nuestra fe, su presencia en los pobres, los afligidos, los enfermos… como insistencia especial del Señor y por la urgencia de hecho en nuestra patria.Además, poco antes de la Ascensión, advierte el Señor que se recibe el don del Espíritu que comunica la “fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo”. Nos convierte en discípulos misioneros. La salvación, el sentido y el don de la vida con que nos beneficia el Señor, hay que anunciarlo, participarlo, llevarlo a todas partes. Que todas las personas que nos encontremos puedan hallar al Señor a través de nosotros. La Ascensión del Señor nos muestra la meta, la plenitud.

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