“Amarás al Señor, tu Dios... amarás a tu prójimo...”

“Amarás al Señor, tu Dios... amarás a tu prójimo...”

Noviembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La pregunta del escriba sobre “¿cuál es el primero de todos los mandamientos?”, da pie para la respuesta tajante y sin vacilar de Jesús: “El primero es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor; por eso, amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu y todas tus fuerzas. Es el comienzo del Shemá o profesión de fe que todo judío piadoso debe hacer cada día. Para Jesús no hay duda: mientras los peritos de la ley distinguían en ella más de 600 preceptos (por lo que se explica la pregunta del escriba), para el Maestro el primer mandamiento es el reconocimiento del Padre Dios y el amor hacia Él con todo nuestro ser. Sería interesante saber qué hubiéramos respondido nosotros, qué responderían nuestros jóvenes y niños, a semejante pregunta…Pero Jesús no se limita a esa respuesta; va más allá de la cuestión planteada y añade que hay un segundo mandamiento, semejante a éste: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo. Y concluye: No existe otro mandamiento mayor que éstos. Quedan entonces zanjadas todas las discusiones entre las diferentes escuelas interpretativas de la Ley.Jesús está en profunda sintonía con el Antiguo Testamento que enfatiza los deberes para con el Dios único, y a la vez añade la novedad del amor al prójimo como a sí mismo: es el núcleo de su mensaje, tal como aparece a lo largo de todo el Nuevo Testamento. Por supuesto que no se trata de un amor romántico e idealizado, sino del amor concreto que es paciente, es servicial, no es jactancioso, no se irrita, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, según explica Pablo en la primera carta a los Corintios (cap.13) y según dice el mismo Jesús cuando afirma: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. ¿Es así como nosotros amamos? Recordemos, a este propósito, lo que escribe el apóstol San Juan: Quien no ama a su hermano, a quien ve, cómo puede amar a Dios, a quien no ve? (1 Jn.4,20)

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