Ahora Lázaro tiene aquí felicidad y tu tormento

Septiembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

“Un relativismo generalizado amenaza con oscurecer la verdad inmutable de la naturaleza humana”, afirmó el Papa Benedicto XVI en su reciente viaje al Reino Unido. En efecto, la increencia y el subjetivismo moral han pretendido despojar al hombre del sentido trascendente de su existencia y amenaza privarlo del valor moral que tienen sus actos. Si en el pasado el ateísmo fue problema mayúsculo, hoy se pretende vivir como si Dios no influyera en la conducta de los seres humanos. Parece que la sociedad moderna se empeña en afirmar que se vive sólo para esta vida, negando así la existencia de la eternidad.Según el racionalismo reinante, sólo se puede creer aquello que entiende la razón: otras realidades no tangibles desaparecen de la esfera de la existencia.Es una lástima pensar y vivir así, pues quedamos dominados por la materia y el placer, ambos fugaces. El mundo de lo espiritual, el valor de la virtud y de la recompensa o castigo de nuestros actos, se convierten así en una triste quimera. ¡Nada más ajeno a la doctrina cristiana que este pobre concepto de la persona y de sus actos!La misma conciencia personal y colectiva no pueden creer que merezca lo mismo quien obra bien y quien obra mal, si la misma sociedad ha establecido sanciones y recompensas para castigar, o premiar según el caso. La Parábola del Rico Epulón y el pobre Lázaro, como se llamó al relato que hoy leemos en el Evangelio, no ha perdido actualidad porque el hombre no puede resignarse a creer que su existencia sea equiparable a la de cualquier otro ser, animal o material, al que le da más importancia y mejor tratamiento que a él mismo: la eternidad y el Dios justo no han desaparecido de la esfera de la conciencia humana.

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