Adviento, una espera silenciosa

Noviembre 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Los adornos, las luces y la música de los tiempos de navidad que desde hace más o menos un mes estamos viendo se deben, en un primer momento, a una estrategia comercial que no hace otra cosa sino incentivar el apetito consumista de nuestra sociedad. Pero a mí se me ocurre, también, pensar que es una manera muy colombiana de amortiguar tanto dolor y violencia que padecemos los colombianos desde hace décadas. Este ambiente de navidad indudablemente siembra recuerdos de infancia, abre horizontes nuevos, crea un ambiente de encuentro familiar que nos hace saborear lo dulce de estos tiempos del Niño Dios.De todas formas este ambiente nos debe servir de abrebocas para celebrar con mayor profundidad lo que verdaderamente conmemora la Iglesia hace veintiún siglos: La espera y el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. El tiempo de espera de la venida de Jesús, la Iglesia lo celebra durante cuatro domingos llamados de Adviento. Y desde el nacimiento de Jesús hasta la adoración de los magos de oriente celebramos propiamente el tiempo de Navidad.A partir de este primer domingo de adviento entramos en un tiempo de espera silenciosa o vigilancia para poder estar atentos a la venida de Jesús «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. ¡Velad!». (Mc 13, 33-36).La vigilancia sugerida tiene dos dimensiones. La primera se refiere al desapego de todo aquello que es superfluo y nos esclaviza para poder esperar a Jesús, el Hijo de Dios. La segunda es la actitud de apertura para escuchar la Palabra de Dios y convertir nuestra vida en una relación más directa con las necesidades de nuestros hermanos que sufren injusticias, inequidad, marginación. Por esto no podemos quedarnos en el solo ambiente de navidad externa sino que este tiempo debe ser de caridad concreta como Dios lo ha realizado al enviarnos a su Hijo único para nuestra salvación.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad