Administradores honrados

Septiembre 19, 2010 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Tenemos lo que recibimos o incrementamos con nuestro trabajo. El horizonte de la gratuidad es el marco objetivo de toda actividad humana y de toda propiedad. Dios es, en últimas, el Dador y Dueño de todo y de todos. Por eso lo humano ha de desdoblarse en agradecer, administrar, cuidar, servir, construir una sociedad justa y una economía próspera. La otra cara de la moneda será una humanidad depredadora de la naturaleza, enloquecida por el afán de lucro, enfrentada por doquiera en la guerra por las cosas, olvidada de sí misma, de su dignidad y destino, desentendida de los pobres y sufridos.La Palabra pone hoy las luces sobre nuestro drama social de opción por el dinero, de abandono de Dios y opresión de los pobres, de ‘viveza’ para defraudar y robar. Ante este panorama nos confía a los creyentes una primera misión de amor universal: la oración de intercesión por las autoridades y los pueblos de la tierra, para alcanzar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. “Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones” (2ª lectura). Interceder ante Dios por la humanidad entera es el más íntimo paso que damos hacia los demás, saliendo de nuestro ego en la oración, en ese ‘éxodo del alma‘ hacia Dios y hacia el prójimo.Jesús nos llama a ser administradores honrados en lo menudo y en lo importante. Cuando pasamos de ser ‘dueños’ a ser administradores y servidores, la honradez tiene que convertirse en el primer valor de relación con Dios y con los demás. Entonces seremos alabados por Jesús a causa de nuestra fidelidad a Dios y la capacidad de prepararnos un futuro eterno. Bien distinto, ciertamente, a la astucia del administrador que hizo rebajas a lo ajeno para obtener su ‘ingreso seguro’ en la vejez.

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