Acoger, recibir, hospedar

Julio 02, 2017 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

En griego, el término ‘filoxenia’ significa “amor, acogida al extranjero”. En la iconografía creyente, esa palabra se hizo famosa a partir de un pasaje bíblico muy conocido narrado en el libro del Génesis: Abraham está junto al encinar de Mambré en un día caluroso. Ve a tres hombres de pie frente a él e inmediatamente corre hacia ellos, les trae agua para que se laven los pies y descansen, les da pan para que recuperen las fuerzas antes de seguir.

Muchos siglos después, el autor de la Carta a los Hebreos hace referencia a ese pasaje e invita a los cristianos a “no olvidar la hospitalidad, que por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. Hoy se proclama en todos los templos católicos un pasaje del Evangelio de san Mateo en el que resuena por seis veces los verbos acoger y recibir.

Según la tradición judía “el que acoge al discípulo es como si hospedara al maestro”. Y al final del Evangelio de San Mateo se afirma que los justos se admirarán cuando sepan que detrás de los vestidos sucios de los enfermos, los perseguidos, los prisioneros, los hambrientos y los marginados se oculta precisamente el mismo Cristo.

Hay pues una gran enseñanza para el día de hoy: En un mundo donde prima cada vez más la desconfianza, las puertas cerradas, la indiferencia ante el extraño, el que viene de fuera, el que no es de los nuestros (lo contrario a filoxenia es xenofobia, es decir, odio al extranjero), la promesa de Cristo es que “quien reciba a un profeta en calidad de profeta tendrá recompensa de profeta: el que reciba a un justo en calidad de justo, tendrá recompensa de justo; y cualquiera que le dé a beber aunque sea un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su calidad de discípulo, no se quedará sin recompensa”.

Hace dos semanas, por muchas partes de Colombia, y en Cali naturalmente, sacerdotes, seminaristas, laicos, salieron en misión por las calles, por los barrios, por las parroquias, tocaron puertas, algunos abrieron y los acogieron y les dieron agua y pan y ellos experimentaron lo que muchos no creemos: que Dios existe y se ocupa de cada uno de nosotros: la filoxenia de Dios, el buen Pastor que nos unge con aceite, nos brinda agua para refrescarnos, nos sienta a su mesa y Él mismo nos sirve.

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