¡Ábranle al Señor un camino recto!

¡Ábranle al Señor un camino recto!

Diciembre 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

“Trabajemos por construir una patria honesta, donde se conserve la vida, donde no se robe, donde todos aprendamos nuevamente  a vivir los mandamientos de Dios". (Monseñor Isaías Duarte Cancino).Esta palabras del Pastor asesinado no pueden olvidarse jamás. Vienen a mi en este segundo Domingo del Adviento porque son actuales y además proféticas. ¡Cómo es de frágil la memoria humana y de lábil la conciencia! De nuevo la voz enérgica del Bautista resuena con fuerza, y la invitación de antaño es válida para hoy "Vuélvanse a Dios”. Cambien. Renúevense. La buena noticia, feliz expresión del evangelista Marcos, es que Jesús el Mesías, el Hijo de Dios ha venido para iluminar las sendas oscuras del pecado y disipar las tinieblas de los corazones perversos; ¿no es ésta también una invitación a nuestra sociedad ante el horror y la inconsciencia, ante la violencia fratricida? ¿No tendrán eco estas palabras que el Precursor de Jesús pronunciara a las multitudes, invitándoles a preparar el camino del Señor?El Adviento es un momento propicio para disponer el oído del alma y aceptar la invitación a conocer, imitar y seguir a Jesús. El tiempo de Dios no es el de los hombres, como tampoco los pensamientos.En estos momentos cruciales de nuestra historia, ¿no escucharemos las propuestas lacerantes del Bautista a cambiar de vida, a dejar las obras malas y a encausarnos por los senderos del Señor? ¿Seguiremos banalizando el amor, depravando la conciencia, propugnando la legalidad de la muerte inocente de tantos seres indefensos, en aras de los derechos humanos? El deterioro del auténtico concepto de dignidad humana ha llevado a nuestra sociedad a mínimos éticos y a una inmoralidad que raya en el escándalo. El relativismo moral en el que todo está permitido se ha convertido en nefasta sombra del mundo donde ya la trascendencia y el concepto de eternidad, apenas cuentan.Releamos el pensamiento que encabeza esta reflexión, escrito por aquel gran Pastor, cobardemente asesinado por hablar con la fortaleza que el Evangelio reclama de los auténticos seguidores de Jesús. Es éste el espíritu y la invitación de este tiempo de Adviento: luchar contra el mal y encarar con ardentía los frutos del pecado.

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