2017

Noviembre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Para los creyentes, hoy 27 de noviembre, es Año Nuevo. En efecto, en la Iglesia católica, comienza hoy un nuevo año litúrgico, tiempo de gracia, tiempo de celebración, tiempo de crecimiento en la fe. Tiene “meses con nombre propio”: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Tiempo Ordinario. Mientras unos empiezan a contar los últimos días del año 2016, nosotros comenzamos hoy el “tiempo de la espera”, el “tiempo que prepara al nacimiento del Salvador”. Desde los primeros siglos los creyentes en Cristo comenzaron a orientar la dimensión del tiempo conforme a Jesús de Nazaret. En la llamada “noche pascual”, el celebrante canta con voz fuerte: “Jesucristo, ayer y hoy, alfa y omega, principio y fin. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”. Noche y día, mañana, mediodía y tarde, todas las horas del día, fueron puestas en relación con Jesús. Allí ya hay una gran enseñanza: Dios tiene el tiempo en sus manos, y a la aparente e interminable oscuridad de las experiencias cotidianas del mal le seguirá, sin duda alguna, el día claro y consolador. San Pablo, dirigiéndose a los Gálatas lo expresa así: “Cuando se cumplió el plazo envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, sometido a la Ley, para rescatar a los que estaban sometidos a la Ley, para que recibiéramos la condición de hijos” (Gálatas 4, 4-5).Esa convicción de fe hizo que los creyentes dirigieran siempre su mirada al oriente, a la salida del sol. El sol del día que despunta simboliza a Jesucristo, tanto en su primera como en su segunda venida. Así, el discurso profético de Zacarías, el Benedictus, dice: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará desde lo alto un amanecer, que ilumina a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte” (Lucas 1, 78-79). Los tiempos de oración a primera hora de la mañana (laudes) y las vigilias (cantos y oraciones nocturnas), tienen aquí su origen. Esa es la Liturgia de las horas, la incesante alabanza que caracteriza al creyente y da sentido a su vida. En el judaísmo existe el marcado simbolismo de las cuatro noches santas, que en realidad son una y la misma: la noche en que fue creada la luz, la noche en que Dios selló con Abrahán la alianza, la noche de la Pascua y la noche del advenimiento del Mesías. El cristianismo asumió este simbolismo y lo utiliza en la vigilia de Pascua y en la Nochebuena. El lugar de la noche de Pascua lo ocupa entonces el nacimiento o la resurrección de Jesús, según el caso. He ahí, en apretada síntesis, lo que nos disponemos a celebrar en este nuevo año 2017.

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