Tristes reflexiones

Marzo 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Diez años después, frente al pelotón de fusilamiento, es decir, narcotráfico, guerrilla, paramilitares y políticos, oímos todavía las advertencias del obispo – mártir, monseñor Isaías Duarte Cancino, quien no quiso callar el peligro social que vivía su grey. Y lo mataron.Dijo Monseñor: “La guerrilla de este país es una guerrilla asesina que comete actos peores que la misma muerte”. Seguimos en las mismas. Siguen asesinando y secuestrando. Extorsionando sin piedad a los vendedores de minutos y dulces como en Tumaco. Y ahora, lo que es un delito en cualquier parte del mundo se convierte en bondad de los secuestradores que nos premiarán a los colombianos con la libertad de policías y militares que quedaron vivos de esta masacre humanitaria que los tuvo encadenados en la selva durante catorce años.También advirtió: “En el Valle del Cauca se vuelve a sentir el peso del dinero maldito, fruto de la droga que destruye a nuestro pueblo”. Allí están los mismos maletines y las mismas pistolas políticas cada vez más prolíferas, al igual que las ventas de bazuco, coca y heroína que han dañado más generaciones de jóvenes. Y todavía preguntamos dónde están esos padres irresponsables que adquieren la dignidad del hijo pero luego lo abandonan a su suerte, que es la misma de esta sociedad desvalorizada y corrupta.Razonó: “Perdida la paz todo se viene abajo. La historia de los pueblos nos enseña cuán largo es el camino para recuperar lo perdido”. Perdimos la paz y ni siquiera hemos empezado la recuperación porque a gobiernos y a gobernados, en su mayoría, les cuesta mucho conjugar el verbo compartir en primera clase, es decir lo bueno, no la basura.Analizó: “Tenemos el peligro de creer más en la guerra que en la paz. Más en la solución violenta de los conflictos que en la búsqueda de soluciones inteligentes a los problemas que nos agobian”. Las matanzas, los falsos positivos, los secuestros, los suicidios y la violencia familiar son realizados en su mayoría por compatriotas que sufren el desempleo y la exclusión que la clase dominante impone abriendo la brecha cada vez más. Y en la selva cambiaron la ideología por la sangre que se riega sobre la cocaína, los dólares y euros que se pelean en las montañas que antes eran la despensa de nuestro pueblo.A Isaías lo mataron el día que señaló: “Queremos pedirles a los vallecacucanos que no se dejen engañar y que no apoyen a quienes detrás de la fachada de una política y una democracia limpias, esconden el dinero corrupto del narcotráfico”. Y a pesar de que advirtió el engaño, nos engañaron. Y cada vez tienen más poder, lo que gusta o da mucho miedo.Aunque más vale tarde que nunca, queda esta precisión de monseñor Duarte Cancino: “No será posible la paz si no trabajamos por actitudes nuevas que broten del corazón y nos lleven a perdonar y a pedir perdón”. Para esto vienen los liberados. Pero, ¿cuándo van a responder las Farc, el ELN y las Autodefensas por los que no volvieron y tacharon de su lista del secuestro, que para ellos es como la lista del mercado? Monseñor Isaías: ¡Ruegue usted en paz por este país en guerra!

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