Se muere la historia

Septiembre 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Cuando por grata elección de la vida uno ha conocido personajes como don Santiago Carrillo y ha vivido parte de la historia del mundo político contemporáneo a su lado, puede darse por bien servido. Pero si a su paso por este valle de lágrimas también departió y aprendió con don Manuel Fraga Iribarne, y pa’ más de bienes conoció de cerca a don Adolfo Suárez González, se puede considerar testigo excepcional de esta historia agonizante de la primera fila de la transición ejemplar hacia la democracia que vivió España.Se ha ido un grande de la historia. No “un comunistoide de esos” , como dijo el martes en la tarde alguien en la radio light de Bogotá. Alguien que al igual que sus rivales y compañeros políticos que nombré anteriormente, junto con la calidad inigualable del sereno y bondadoso profesor socialista Enrique Tierno Galván, supo mirar hacia el futuro sin dejar de lado el presente agobiante que les tocó vivir en los momentos aciagos de la dictadura franquista.Mucha falta nos hacen esos ejemplos en esta hora tormentosa que vivimos en Colombia para aprender y aplicar aquello de que , “la paz es fruto del diálogo y no de las armas”; o entender que “hay que ceder mucho de cada parte para lograr lo que quieren: la paz”. O simplemente ser humilde en su papel histórico y decir que “la transición no fue modélica, y si lo hubiera sido habría que hacerla de nuevo para que gustara a todos los españoles”.Alguna vez hablamos de Colombia, y ese pausado Don Santiago, que se fumaba su tiempo entre palabra y palabra me decía: “Nosotros en poco tiempo no dudamos en acertar y concertar el diálogo a pesar de las diferencias; ¿Por qué ustedes, en tantos años, no han siquiera empezado a concertar en que no quieren matarse más para concertar la paz?”.Y aquella tarde que a varios periodistas nos contó sobre la nefasta noche del 23 de febrero cuando los golpistas de la guardia civil, encabezados por el coronel Tejero amenazaron la democracia española. Le pregunté por su miedo y dijo: “Pues mire usted, no tuve miedo. Uno tiene miedo cuando pierde el dominio de sí mismo. Y yo lo que hice fue aprovechar esa noche para repasar mi vida y pensar en mi muerte, pero de la manera más tranquila que se pueda imaginar. Me dije: Santiago, vendrá un tío por detrás y te pondrá una pistola en la cabeza, y la disparará. Será sólo un segundo y te irás tranquilo porque entre otras cosas dejarás de ver tanto cabrón que le ha hecho mal a España”.Al final se sentía cansado y optó por escribir reconociendo lo que todos hicieron para logra el paso a la democracia. Y cuando alguien le preguntó cómo quería que lo recordaran, respondió: “No soy nadie para esas ínfulas. Si acaso me recordarán mis nietos mientras consiguen algo más interesante en qué pasar la vida”.En la rueda de prensa que dio cuando sucedió la debacle del partido comunista español -sacaron solo cuatro escaños-, llegó a la sala, saludó a la prensa y nos dijo: “Vengo a daros la noticia que queríais oír desde antier: Santiago Carrillo renuncia como secretario pero sigue como comunista”.Y con él, con Fraga, con Suárez que ya vive en la historia, y con Tierno Galván, se van los testigos de la nueva España. Qué tiempos, qué señores, qué suerte.

VER COMENTARIOS
Columnistas