Recuerdos de paz en la guerra

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Cuando recordé que Carlos Pizarro cumplió aniversario de muerto el pasado viernes...

Recuerdos de paz en la guerra

Abril 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Cuando recordé que Carlos Pizarro cumplió aniversario de muerto el pasado viernes quise escuchar conversaciones con él cuando decidió la paz con el M-19 y expresó “un deseo cierto de concertación política”.Dijo entonces: “La búsqueda de la solución al conflicto es posible. No podemos parcelar la paz y por eso invitamos a la Coordinadora para que este esfuerzo desborde nuestra decisión y lleguemos todos a un buen final”. Y me pregunté: si Pizarro hace tanto tiempo tomó la decisión de paz porque era posible, ¿por qué ahora hay personajes que quieren torpedear el proceso que marcha en Cuba?¿Por qué no abrir los ojos, sobre todo los corazones para que los que están y los que van a estar, porque esto va para delante, se tomen el tiempo que sea para que Colombia pueda descansar de las balas y enjugar un poco su rostro ensangrentado y triste de este conflicto de 65 años?Decía además Pizarro: “A veces se plantean cosas que suenan arrogantes, que solo contribuyen a que Colombia siga pagando los costos enormes de esta violencia”. Y claro que tenía razón. No han cambiado los protagonistas para nada. Siguen pensando, cada uno, en su cuota de tierra o de riqueza que tendrá que pagar para llegar a un punto de encuentro que pare la guerra en Colombia.En el tiempo del Caguán, ese pastor serio que asistía a la mesa de guerra, monseñor Alberto Giraldo, decía: “Colombia tendrá paz el día que aprendamos a conjugar el verbo amable, compartir”.Y luego explicaba: “Aquí creemos que compartir es dar al otro lo que nos sobra, y estamos equivocados. Compartir es invitar al otro a gozar de lo mismo que gozamos nosotros, que tenemos nosotros, que usamos nosotros. No es dar aquello que ya no sirve ni para nosotros ni para ellos”.Pues bien, aquí están las palabras del pastor y los recuerdos del guerrillero que quería “una nación en paz, un país amable y no una patria partida y desgarrada que siga haciendo llorar a nuestros hijos y a nuestros nietos en una guerra sin fin”.Pizarro también se preguntaba por los partidos políticos, y comentaba sobre la ausencia de compromiso de los dirigentes para “fabricar condiciones que hagan posible la paz en Colombia”. Han pasado muchos años desde estos sueños de Pizarro y estas palabras del Obispo y parece que quedaron sembradas pero no han dado el fruto que necesita nuestra adolorida nación. Parece que fueran dichas apenas ayer pero estamos hoy en lo mismo y tal vez más grave cuando empezamos a mezclar la paz con las campañas políticas que se sienten en el ambiente nacional.El momento es delicado para el país. Los temas que se tratan en la mesa con las Farc llegarán más temprano que tarde a las otras mesas de diálogo con el ELN y lo que queda del EPL, que decidirán el futuro nacional. El país en paz y no desgarrado y anegado en sangre del que hablaba Pizarro. Un país amplio donde quepamos todos, y no cuatro latifundios que marginan a los demás y solo los ponen como peones de esa riqueza que deberán compartir.Fueron sueños de un romántico de la lucha que entendió que ese no era el camino pero que también pedía ese aporte de los que hoy siguen queriendo acabar con esta posibilidad de paz para seguir con el negocio de la guerra.

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