Perdimos y vienen por más

Perdimos y vienen por más

Diciembre 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

No acatar no existe en lo jurídico y menos cuando lo que sucedió ocurrió por “negligencia evidente” de Colombia. Ahora lo que queda es cumplir el compromiso adquirido bajo palabra como lo recordó el presidente Daniel Ortega, y prepararnos para que el mal no sea peor.Sí, porque la ambición viene por más. Y como los ‘nicas’ comprobaron que mientras ellos empezaron a trabajar el asunto desde la llegada de Los Sandinistas a Managua, “poniéndose de país víctima del ogro colombiano”, lograban recortar nuestro mapa marítimo, ahora Daniel Ortega , que necesitaba este reencauche en el ocaso de su vida, es el héroe que devuelve su mar petrolero y pesquero a sus compatriotas mientras Colombia llora lágrimas infantiles por lo que no se defendió desde siempre por nuestros gobiernos; el actual y los anteriores. Porque no me digan que San Andrés, a más de ser desde siempre paraíso para ‘importar’ bluyines Lee, lociones, licores finos, galletas europeas y todas las muñecas habidas y por haber, fue alguna vez motivo de preocupación de los presidentes, “hacían cara de extranjeros” cuando se les nombraba la pretensión de los vecinos sobre los siete cayos y las propias islas mayores.Después del fallo tal vez podamos aspirar a una revisión, “si es que algún hecho nuevo forzó el fallo”, y todo indica que no lo hay. O a una interpretación “si hay una confusión en la parte dispositiva”. Pero todo señala que esto tampoco nos asiste.Vendrían entonces los fallos de implementación, que serían argumentos “solo para dilatar otras posibilidades”. Pero que el fallo hay que cumplirlo, es un realidad de a puño. El cuento del presidente Santos de que no aplicará el fallo hasta “lograr garantías de que los derechos de los colombianos están bien defendidos” es cortina de humo, porque nuestra obligación es acatar el fallo.Ahora desde la Cancillería se propone un Consulado colombiano en Bluefields, allí mismo desde donde nos sacaron a patadas, con 48 horas de plazo hace algunos años, y donde el gobierno de Managua se ha negado sistemáticamente a aceptarlo de nuevo. ¿A qué jugamos?Ya Ortega, ni corto ni perezoso, citó a maniobras marítimas a sus amigos: Cuba, Venezuela, Rusia, Taiwán y, como era de esperarse, a Estados Unidos que hasta hace poco hacía maniobras con nuestras tropas.Les cuento que Ortega Saavedra “ha pensado hasta en pedir indemnización a Colombia por la explotación de aguas nicas desde el tratado Esguerra-Bárcenas de 1928”. Y también les digo que la pretensión de Nicaragua era por los siete cayos, sueños que no han cancelado.Esto de denunciar el Pacto de Bogotá dura un año a partir del miércoles pasado, “transcurrido el cual cesará sus efectos para el denunciante”, aunque el tratado advierte: “La denuncia no tendrá efecto alguno sobre los procedimientos pendientes iniciados antes de transmitido el aviso respectivo”.Es la historia de un tratado que descuidamos porque la Corte Internacional de Justicia lo había aceptado pero a la hora de los límites definitivos cambió de opinión a pesar de que uno de los más eminentes tratadistas de nuestro equipo técnico, Austin James Crawford, le escribió un papelito a Julio Londoño: “We won”, nosotros ganamos, le dijo cinco minutos antes del desastre.

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