Pensar antes de hablar

Pensar antes de hablar

Julio 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Antonio José Caballero

Tuvieron que pasar más de 50 años, muchas matanzas y tomas terroristas, muchos miedos y temores y muchas promesas incumplidas para que el Gobierno se diera cuenta de la suma gravedad en la que se encuentran los habitantes del norte del Cauca.Hace una semana, los dementes terroristas de las Farc agrandaron su propuesta contra la población civil y lanzaron una chiva-bomba a la multitud inerme que había bajado al mercado grande del sábado para negociar su sustento con lo poco que esta guerra les deja cosechar en sus huertas. Las bestias que se hacen llamar “ejército del pueblo” no tuvieron consideración con los niños, con las mujeres embarazadas, con los ancianos patriarcas indígenas. No tuvieron en cuenta a los seres humanos para lanzar su bocanada de terror contra el pueblo.Otra vez destruyeron Toribío mientras trataban de volar Corinto, asediaban Mondomo y Suárez y por enésima vez asustaban a los pobladores de Caldono, población a la que le han destruido la escuelita ocho veces. La misma línea de violencia de hace 50 años cuando empezaron sus masacres ‘Tirofijo’ y ‘Ciro Castaño’ en La Mina; los pájaros en El Turco y ‘el buitre de los andes’ en Tacueyó, y las tomas sangrientas en Santander de Quilichao y Caloto. En una reunión de seguridad realizada en Popayán, alguien advirtió que “esa zona fue escogida para que sea la retaguardia de la subversión”. Pues sí. Allí está la obra de las Farc sin que haya llegado el batallón de montaña que el gobierno anterior prometió hace seis años, ni los refuerzos que el almirante Cely anunció en su visita. Y como si esto no bastara, encima de los escombros del terror llega el presidente Santos y suelta la perla: “Corinto le dio buena espina a nuestra selección”. Y con la sonrisa ridícula de su ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, anunció a los pobladores todavía empolvados por el carrobomba asesino que “se destruirán las viviendas donde se compruebe que las han prestado a la subversión”. Todo esto para salir luego a explicar lo inexplicable. ¡Qué ignorancia de lo que ocurre allí! Por favor, piensen para hablar. Sepan que la población de ese pedazo de Colombia, martirizado como pocos, no toma determinaciones para prestar su casa para la guerra. Allí, o la prestas o la prestas, sin permiso de nadie y con el fusil de cualquiera de los actores en la frente.Además, recuerden que hay una ley de protección de víctimas que cubre a civiles utilizados como escudos por los terroristas. Hubiera sido mejor que el Estado llegara a ofrecer consuelo en medio de la desolación en lugar de asustar con amenazas. Menos mal que la población del norte del Cauca ya está acostumbrada al abandono y al desprecio por parte de los gobiernos de turno. Allí, los niños seguirán tocando sus instrumentos andinos preparados para esconderse debajo de los pupitres durante el próximo susto.Y el gobernador González, bien gracias. Seguirá pensando que “estos son hechos aislados y extorsivos”, o en el famoso “portillo de la paz”.En el Cauca se sabe quiénes son, se sabe dónde están, y las autoridades saben qué hacer. Que lo hagan, pero piensen antes de hablar.

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